lunes, 1 de abril de 2013

INSPIRACIÓN

Solía escribir, para alimentar su ego, como siempre, buscando el reconocimiento allí afuera, donde aprendió que estaba el éxito.

Un día se calló para escuchar, y ahogó el maldito ego en un silencio elocuente de verdad. Y en esa sorda, muda y ciega etapa, escuchó a su maestro, habló con su aprendiz y vio el camino cierto, por donde hoy avanza en paz disfrutando del recorrido.

3 comentarios:

Rosa ruiz galvez dijo...

¡Maestro!!!!
Me alegra saber que el prolongado silencio dio sus frutos.
Me alegro de volver a leerte.

pilar dijo...

Vaya, entro a ver qué tal va esto y me encuentro con ¿una despedida?.. Me alegro!

Un saludo
Feliz vida!

Irene dijo...

Sencillo, directo, certero y precioso al mismo tiempo. Me encanta.