lunes, 1 de abril de 2013

INSPIRACIÓN

Solía escribir, para alimentar su ego, como siempre, buscando el reconocimiento allí afuera, donde aprendió que estaba el éxito.

Un día se calló para escuchar, y ahogó el maldito ego en un silencio elocuente de verdad. Y en esa sorda, muda y ciega etapa, escuchó a su maestro, habló con su aprendiz y vio el camino cierto, por donde hoy avanza en paz disfrutando del recorrido.