jueves, 30 de diciembre de 2010

Amor infinito

a todos aquellos que han perdido a un ser querido

    - Laura, mamá ha muerto.
    - ¿Ha muerto?
    - Se ha ido.
    - ¿A dónde?
    - Lejos. Al cielo.
    - ¿Al cielo? Quiero ir a verla abuelo.
    - El cielo está muy alto princesa, y nosotros no podemos volar.
Laura dirigió sus sollozantes ojos hacia las nubes.
    - Quería que guardaras para siempre uno de sus besos – su abuelo le entregó un trozo de papel con una marca de pintalabios.
    - ¿Por qué se ha ido?
    - Cariño, ella no se quería ir. Siempre estará contigo.
    - Pero, yo también quiero darle un beso abuelo.
    - Algún día se lo darás mi vida.
    - Pero ¿cuándo?
    - Algún día…
Laura, a sus tres años, no era capaz de comprender suficientemente lo que su abuelo le acababa de decir. Sin embargo la ausencia de su madre, y la idea de no poder verla o hablar con ella, le producía una enorme tristeza y rompió en un llanto desconsolado.

Pero Laura, había aprendido de su madre que nunca había que rendirse, que siempre había alguna manera de alcanzar las cosas: “con imaginación, puedes conseguir lo que desees Laura, no lo olvides” le solía decir.

Entonces Laura recordó que una vez vio una película de náufragos, en la que metían un trocito de papel con un mensaje en una botella. Su madre le dijo que ese mensaje contenía la esperanza.
    - ¿y qué es la esperanza mamá?
    - La esperanza es el único camino del ser humano para alcanzar aquello que parece imposible.
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Era domingo, y como cada domingo el abuelo Laura la llevó al parque. A Laura le encantaba ver los patos en el lago, las marionetas, los mimos… “seguro que eso la anima” pensó el abuelo. Cogida de la mano de su abuelo, Laura parecía ausente a todo aquello que normalmente le fascinaba, con la mirada perdida, como buscando algo que no encontraba. Entonces vio al vendedor de globos y su cara se transformó.

    - Abuelo, quiero un globo.
    - ¿Quieres un globo princesa?
    - Si abuelito, cómprame un globo.
    - ¿Cuál quieres?
    - Ese – dijo Laura señalando un globo de color rojo brillante con forma de corazón.
El vendedor le dio a la niña el globo.
    - Sujétalo abuelo
Entonces Laura sacó del bolsillo un papel doblado, se pintó los labios con el pintalabios de su madre y besó con intensidad el trozo de papel. Luego cogió el lazo de su pelo, e hizo un nudo alrededor del papel.
    - Ayúdame abuelo.
Nieta y abuelo ataron el papel cuidadosamente al hilo del globo.
    - Te quiero Mamá. – dijo con una sonrisa mirando al cielo
La niña soltó el globo y éste ascendió lentamente. Poco a poco el corazón de Laura se aproximaba a las nubes, a las cuales parecía acariciar con el amor infinito que únicamente pueden sentir aquellos que han perdido al ser más querido.

Entonces el corazón de Laura se perdió entre una de las nubes que dibujaba una dulce sonrisa.

4 comentarios:

pilar dijo...

Es realmente bonita la historia. Casi me atreveria a decir que perfecta para un corto :).

Gracias ;)

Montse Rubí dijo...

Me ha encantado! Es precioso el relato! Gracias!

fatamorgana dijo...

No soy la niña Laura, hace mucho tiempo ya que dejé atrás la infancia, pero los hijos siempre permanecemos niños en el corazón de los padres y siempre será así. Incluso cuando ya han desaparecido. Es entonces cuando te sientes más niño, por eso me identifico con Laura y cada día les envío un beso con la esperanza de que ellos lo reciban.
Un abrazo para todos los que perdieron a un ser querido.

Chus dijo...

He llegado aquí por casualidad. Gracias por la historia, me ha gustado mucho :)