jueves, 28 de enero de 2010

Rigoberto Queipo de Llano

Pues resulta que hace un tiempo leí que para modificar actitudes en el comportamiento de uno mismo es bueno buscar referencias, de modo que sometamos a comparación nuestros actos con los del referenciado. En cierto modo es lo que hacen los niños pequeños cuando copian a los padres, que de pequeñitos nos hace mucha gracia y cuando pegan los mocos debajo del sillón porque se lo han visto a su padre a la madre no le hace tanta gracia.

Como quiera que de pequeño recibí una educación en modales muy amplia, y que al compararla con las formas que empleo en la actualidad he detectado que he dejado de realizar gran parte de aquello que aprendí, yo, en un acto de voluntad de realización de un proyecto de mejora continua personal, pensé en tomar un referente, y allí estaba él: Rigoberto Queipo de Llano (he empleado un nombre ficticio para evitar suspicacias)

Rigoberto es un tipo que va siempre de punta en blanco, que saluda todos los días a todas las personas de la oficina, que durante la comida espera que se haya servido a todos los compañeros de mesa hasta tal punto que en las bodas espera que sirvan a todos y cada uno de los comensales, que siempre lleva los zapatos limpios tanto que puede mirarse para peinarse el flequillo hacia el lado derecho, que deja pasar antes a todas las chicas que van a entrar, que ordena los calzoncillos por fecha de compra, que cuelga la ropa cada día cuando entra en casa y se pone un chandal y las zapatillas de Mickey, que todas las noches llama a su madre y la vecina de su madre para darle las buenas noches... sí Rigoberto lleva una vida ejemplar.

En mi propósito comencé a analizar mis comportamientos y a realizarme la pregunta recurrente de "¿qué haría ahora Rigoberto?", y así pues, termino de comer y pienso que el Queipo de Llano se lavaría inmediatamente los dientes, cuando se pilla el dedo con la puerta diría "malas uvas!" en lugar de "me cago en su p*ta madre" o cuando está en un semáforo se rascaría la barbilla en lugar de urgar dentro de la nariz.

Viendo que funcionaba y que me sentía persona más seria, recta y equilibrada, trasladé también los comportamientos de Rigoberto a mi forma de realizar el trabajo, ya que Rigoberto es un ejemplo a seguir en todos los sentidos. Así pues comencé a realizar agendas una vez por semana y me comprometí conmigo mismo y con Rigoberto a cumplirlas.

Hoy estoy descolocado, pues Rigoberto ha sido detenido conduciendo borracho y casi mata a una vieja, que para más INRI es la vecina de su madre a la que cada día le daba las buenas noches, y a la que no habría dudado en ceder el asiento en el autobús. No encuentran una razón demasiado lógica a este comportamiento, si bien parece ser que Rigoberto ha caído en una crísis por exceso de responsabilidad.

Así que ahora me encuentro en la encrucijada de ir buscándome un psicólogo para adelantarme a la problemática o volver a ponerme los calzoncillos usados dándoles la vuelta.

Lo consultaré con la almohada...

lunes, 25 de enero de 2010

Las cosas más pequeñitas - Nolasco

Hay canciones que basta con escucharla una vez para saber que serán imprescindibles...
Gracias por este pequeñito descubrimiento, esta va por ti.



Con las gotas de la lluvia
que caen en tus cristale
mientras tus miras pa fuera
y en la calle no hay nadie
y el agua por los bordillos
de la acera de tu calle
ay son cositas tan pequeñas
pero a mi me saben grande

Con las marcas de tus labios
que quedan en los cristale
de ese vaso que tú bebe
que se muere cuando sabe
que tu vas a dar un sorbito
con un gesto tan suave
ay que parece que lo besa
y a mi me sabe tan grande.

Si yo suelo caminá
sobre brasa ensendía
si me gusta disfrutá
por la noche y por el día
no es que sea un supermán
es que me gusta la vía
me gusta saboreá
las cosa más pequeñita
y las cosa más chiquitita.

Y es el ambiente de un bar
las copas con mis amigos
y es un vamono pallá
y esperate que te sigo
y es la puerta de tu casa
donde yo te doy los besos
y es esa cara tan rara
que pone mi amigo er Negro.

Y es el humo de un cigarro
y el efecto de un pitillo
y lo bien que yo me siento
y cuando me encuentro contigo

Y es el aire que respiro
lo paisaje que yo veo
son las cositas pequeñas
con las que mejor me siento

Si yo suelo caminá
sobre brasa ensendía
si me gusta disfrutá
por la noche y por el día
no es que sea un supermán
es que me gusta la vía
me gusta saboreá
las cosa más pequeñita
y las cosa más chiquitita.

Ven pacá pa mi verita
que te vía decí una cosa
que me gustaria comerte
esa carita de rosa
y que yo soy mu flamenquito
y que me gusta er cachondeo
ay, me pongo a bailá contigo
es lo mehó der mundo entero

Si yo suelo caminá
sobre brasa ensendía
si me gusta disfrutá
por la noche y por el día
no es que sea un supermán
es que me gusta la vía
me gusta saboreá
las cosa más pequeñita
y las cosa más chiquitita.

sábado, 16 de enero de 2010

Imágenes del más allá


Sé que no me vais a creer pero me ha pasao: esta mañana cuando me he levantado he ido al baño a echar la meada mañanera, entre una de las manchas de las baldosas he distinguido algo del todo increíble: “un ojo del culo”. Dicho así y a bote pronto puede resultar grosero pero es la pura realidad. Puesto que no daba crédito a lo que había frente a mi, dudé de mis sentidos como hiciera Descartes, así que me froté los ojos con la mano libre e incluso me eché un suero fisiológico limpiador, muy bueno por cierto. No había la menor duda, la representación era real, el ojete me miraba fijamente y casi podía distinguirle la retina.

Yo, como la mayoría de los mortales, estoy acostumbrado a ver cosas normales, como la cara de la Virgen en un posavasos, el retrato de Benedicto XVI en el fondo de la sartén o la última cena en la marca de un golpe que le di al coche, pero esto se escapaba del todo de mis seseras, y por primera vez tuve miedo en la vida.

Me pregunté que haría Iker Jiménez en mi situación y pensé “hacerle una foto”, pues cualquier agente externo podría eliminar todo vestigio de lo que era una indudable realidad y entonces nadie me creería. Fui pues en busca de mi cámara fotográfica, y cuando me disponía a pulsar el botón se me acabó la batería, así que eché mano del teléfono móvil, con bluetooth, pantalla LCD de 7 pulgadas y cámara de 6,2 megapixeles, con la firme intención de inmortalizar aquella imagen. Un tropezón fortuíto provocó que el celular se precipitara en la taza del water, lo cual no pude interpretar de otro modo que era consecuencia de una fuerza esotérica emitida por Ano que se oponía a ser retratado.

Consideré que aquello tratábase de cosa divina, por lo que creí oportuno preparar un altar en torno al ojete, y junto a una vela puse un bote de Hemoal, un supositorio y una lavativa. Pero las sombras que la vela proyectaba en las paredes hicieron que descubriera en otra baldosa una nueva revelación: la representación del pelo de la Duquesa de Alba. Pero esto ya os lo cuento otro día.

martes, 12 de enero de 2010

Ilusiones rotas


- ¡Esto es una mierda!

Mariló tiró el reloj que su madre le acababa de regalar. Sus amigas se reirían de ella por llevar aquella baratija de niña. Ella ya tenía 12 años, y esperaba haber recibido un pequeño bolso o algo de maquillaje como tenía Paula, su mejor amiga. Aquello era lo peor que su madre le podía haber regalado en la vida. No le extrañaba en absoluto que su padre la hubiera abandonado. Su madre no sabía lo que realmente importaba en la vida, era simplemente estúpida.

Era de color rosa, de material plástico y si bien no era caro no dejaba de ser de una prestigiosa marca. "El año pasado le habría encantado, pero desde que anda con esa niñata..." se decía a sí misma. Después de haber sido despedida del trabajo era lo mejor que podía regalarle. El ego maternal de Susana quedó destrozado por el desprecio público al que le acababa de someter su hija.

Sentada en el suelo del vagón, la pierna de Maca se vio golpeada por un objeto. El leve impacto le sacó del letargo en que las cocaina la tenía sumida. Lo recogió y lo miró con curiosidad. ¡Era un reloj de princesa!. Con una sonrisa incompleta rodeó con la lentitud la correa a su escuálida muñeca, y con sus mugrientos dedos consiguió abrochar la hebilla. Sentía haber encontrado un tesoro. Desprovista de juicio, voluntad, comprensión, dinero, verguenza, cariño, dientes... sentía que aquel pequeño tesoro brillaba sobre su piel, y sintió añoranza, tristeza y felicidad. Se incorporó con dificultad, pues quiso hacer caso a la voz de su madre que cada día martilleaba en su cabeza diciéndole "Macarena, por el amor de Dios, levántate de ahí". Además las princesas no se restriegan por el suelo.

- ¿Lo ves?- dijo Mariló en tono alto y airado - Sólo a una pordiosera podría gustarle un reloj tan asqueroso como ese. - sentenció sin dejar de sentir cierto celo por la usurpación de aquella vagabunda. Sin embargo, en ese momento lo último que haría sería decirle que se lo devolviera. No, si lo hiciera parecería una niñata infantil y caprichosa.

Maca bajó por debajo de la realidad del reino en el que la droga y la casualidad le habían coronado. Desabrochó con torpeza el reloj y lo miró con una amarga sonrisa. Sosteniéndolo con dos dedos lo acercó a Mariló y le dijo - Toma tu reloj.

Susana se lo arrebató con ira y respondió secamente - Gracias, sólo se le había caído. - demostrando todo el rechazo que le era posible con su húmeda mirada.

Maca se tiró de nuevo al suelo. Aquel era su lugar. Cerró los ojos y sintió el sonido de las drogas y el vagón en su interior. Y soñó.

Soñó que un día, diez años atrás, ella no insultaba a su madre en aquel mismo vagón.

sábado, 9 de enero de 2010

Inmóvil

Tras su respiración congelada,
desnuda su vida de movimieto,
expresa en la quietud de su mirada
los más profundos sentimientos.

Resucita al sonido de monedas
regalando un cálido mohín.
Arranca sonrisas pasajeras,
y comienza de nuevo en su fin.