viernes, 17 de julio de 2009

Donde encuentro una paella...

Hoy os dejo una versión propia a modo de crítica por quitar los chiringuitos. Quiero grabarla algo mejor porque me ha quedado con algo de ruido.

Sí, es lamentable: el que canta soy yo...






Llegó el calor
no refresca ni el ventilador
y en la tele no dejan de echar
el anuncio de Marina D’or

Nos vamos pa Conil
a las cinco salimos pa allí
la suegra viene con flotador
y el seiscientos no da más de sí.

Por Dios,
Que han quitao todos los chiringuitos
aonde pido yo ahora pescaito
acompañao de una Heineken
y teutonas que me pongan “todo a cien”

que era pa lo que he venío a la playa
y no estar tumbao en la toalla
con los niños echandome arena
y teniendo que aguantar encima a la abuela…
ela ela eh eh eh
que es como una sanguijuela
ela ela eh eh eh
con cara de calavera
ela ela eh eh eh
quien tuviera ya su esquela
ela ela eh eh eh

No puede ser
no hay un sitio donde comer
la Paqui me tendrá que preparar
la tortilla en un tupperware

Se han pasao
han quitao hasta el puesto de helaos
y la playa ya está a reventar
porque no se puede ir a otro lao

Y yo,
que a las diez ya estaba en la barra
enganchao a la primera jarra
con el Marca porque hay que leer
y un sudoku que es lo que a mi más me gusta hacer

Ya no puedo darle a la botella
tengo que aguantar la cantinela
de “oye cari ¿qué vamos a comer?”
Dónde coño encuentro yo ahora una paella
ella ella eh eh eh
o un potaje de habichuelas
ela ela eh eh eh
o unos huevos a la cazuela
ela ela eh eh eh
y de postre unas ciruelas
ela ela eh eh eh

Esto no se pue aguantar
Yo he vení aquí pa emborrachar
Es un crimen
Es un crimen
No puedo tomar ni sagría ni cerveza ni na por diooooooo

Y yo,
que a las diez ya estaba en la barra
enganchao a la primera jarra
con el Marca porque hay que leer
y un sudoku que es lo que a mi más me gusta hacer

que era pa lo que he venío a la playa
y no estar tumbao en la toalla
con los niños echandome arena
y teniendo que aguantar encima a la abuela…
ela
¿dónde hay una paella?
me la pela...
ela
quien con corre vuela...
ela

sábado, 11 de julio de 2009

¿Por qué olisqueamos cuando huele mal?


Es una duda que me absorbe los sesos. No sé muy bien si se trata de masoquismo o simplemente una forma incotrolable de saciar nuestra curiosidad, pero pasa. Basta con que un leve tufo se acerque a nuestra pituitaria para que procedamos a intensificar nuestras facultades olfativas como si fuesemos canes tras el rastro de una butifarra.

Innatamente olfateamos cuando un mal olor nos acecha, como tratando de detectar la procedencia o naturaleza del mismo. Si partimos del hecho que el mal olor proporciona una experiencia desagradable, no se entiende que el ser humano se cebe en una situación pestilente.

Tanto es así, que hacemos competiciones para adivinar de qué se trata:
- Huele a huevos podridos
- No, no, huele a caca de vaca

Los hay, que han desarrollado tal habilidad que son auténticos sumillers de pedos, pudiendo indicar qué a comido el que lo ha liberado, o ¿acaso nunca habéis oído la frase "huele a pedo de pollo"?. Alguien así debería de enviarse a las aduanas para buscar drogas.

Somos así, y del mismo modo que durante unos segundos olfateamos intensamente, en el momento que resolvemos el enigma de la procedencia y/o naturaleza del pestuzo, ponemos cara de asco y nos tapamos la nariz como si nos fuesemos a contagiar de algo muy perjudicial, porque claro, algo que huele así sólo nos puede avocar a la muerte (aunque alguno con la tontería ha acabado muriendo afixiado por aguantar la respiración...)

Bueno me marcho que algo me huele mal...

lunes, 6 de julio de 2009

Boda turca


Pues sí, por aquellos avatares del destino acabé la semana pasada siendo invitado a una boda en Ankara, y como no tenía absolutamente nada que hacer acepté encantado la invitación a dicho evento. Y como ocurre con estas cosas del destino, esta era la primera vez que venía a Turquía sin traje, y yo, que gusto que mi indumentaria vaya acorde con las situaciones me puse a buscar por Ankara un sitio donde comprar un traje, bajo un sol achicharrante y 35 grados a la sombra. Y como el turco medio es un par de tallas menos que el español no había quien encontrara algo que no me quedara más ajustao que los gayumbos de Spiderman. Pero finalmente, después de más de dos horas dando vueltas y a tan sólo una del matrimonial enlace encontré un Zara, y allí sí encontré un traje guapo que estaba rebajado y compré tres corbatas para ver cual de ellas combinaba mejor con las camisas que tenía en el hotel.

En diez minutos tras una ducha rápida y un breve pase de corbatas me planto en la calle y empiezan a caer gotas sobre mi radiante traje, así que paro el primer taxi que encuentro (normalmente me gusta seleccionar el modelo, porque encuentras cada tartana que pa qué…) y le enseño al tipo la dirección del bodorrio.

Tras media hora de coche e infernal tráfico llegamos a un parque y el tío me para allí en medio. Yo que estoy empezando a dejar de ser gilipollas le digo como buenamente puedo que dónde coño está el salón de bodas, y el tío se baja a preguntar. Resulta que el salón está emplazado en el parque más extenso de toda Ankara (como si fuera la Casa de Campo) y el tío me había dejado en la primera puerta que encontró. Me lleva a la puerta correspondiente y finalmente, apurado porque llegaba unos veinte minutos tarde, encuentro el lugar en el que el enlace tendría lugar.

Para mi sorpresa allí había llegado menos de la mitad de la gente y de traje iba el organizador, el novio y yo… no se puede ser más capullo…

Nos sentamos en unas mesas con sillas envueltas en una especie de tul y decoradas con un centro de rosas de plástico. Copas, cubiertos y servilletas de papel. Y entonces, empieza a diluviar de mala manera y hay que mover la mitad de las mesas, ya que si bien el lugar está cubierto por una especie de carpa, por los laterales el viento hace que el agua llegue hasta las mesas.

Ponen una canción francesa y sobre una macropantalla proyectan imágenes de los novios de toda su vida, y tras unos cuarenta minutos esperando aparecen los novios. Comienzan a sonar “You are beautiful” de James Blunt y se ponen a bailar en medio de las mesas. Alrededor de ellos salen unos “chorros” de fuego tipo las bengalas que usábamos cuando pequeños en los cumpleaños. Empieza a caer confeti del techo y por último pompas de jabón, ¡Es el éxtasis!

Acaba la cancioncita de las narices y se suben a un altar y se sientan en unos sillones blancos a modo de tronos sobre los que hay un corazón rojo ribeteado por una tira de leds luminosos. (ver foto) Otros corazones rositas colgados completan un espacio que no sabría calificar. Se produce el enlace consistente en una especie de “si quiero” y la firma oficial ante un funcionario que da fe, todo esto retransmitido en la pantalla en directo como si se tratara de la boda de Leonor. Me explican los turcos que el nombre del novio significa "libre" en turco, y hacen el chiste de que se tendrá que cambiar de nombre (si va a ser que en todos los sitios somos iguales...)

Por fin traen algo de beber. Pepsicola y Yateyigün (una especie de Fanta de naranja del Mercadona). Nos ponen los aperitivos: una loncha de mortadela, una rodaja de pepino, una bola de ensaladilla rusa, unas patatas cocidas con algo encima y otra ensalada rara.

Me explican los turcos que están sentado conmigo que esa no es una boda tradicional, que es una boda moderna más al estilo europeo. Yo digo pa mi que sí.

Con más hambre que Carpanta estoy ansioso porque llegue el plato principal. Finalmente lo sirven: un cuarto de pollo asado con arroz. Sin comentarios. Pensando que tras esto vendría el segundo segundo, me encuentro con que sirven un plato de frutas en el centro (sandía, ciruelas y cerezas) en el centro. Aquello era como una fiesta de cumpleaños infantil.

Entre plato y plato los novios se levantaban y bailaban tanto música moderna como tradicional, que era interpretada por un grupo en directo.

Finalmente se organiza una cola para felicitar a los novios como si fuera un funeral, y todos le ponen a la novia un alfiler en la banda y le dan un pequeño presente (yo como iba de novato ni una ni otra cosa)

Dado que mis acompañantes se marchaban yo decidí irme con ellos y me perdí el final de fiesta.
Según he podido saber los sueldos en Turquía no son muy altos, lo que podría justificar que la comida fuera así de limitaita. No obstante, quizás allí no sean tan desprendidos como para pedir un préstamo, que es lo que sucede en España.
En fin, la fuerza del amor...