domingo, 24 de mayo de 2009

Cinco comidas al día


Los expertos en nutrición recomiendan hacer cinco comidas al día: el desayuno, el tentempié, la comida, la merienda y la cena.

Pues por primera vez hice lo que estos expertos recomiendan como un modelo de buena salud. Os contaré como conseguirlo:

8:00 h Te levantas en hotel en Ankara con el desayuno tipo bufé incluido. Al entrar al bufé el mundo ideal del perro del afilaor se presenta ante tus ojos, y te encuentras bollitos, tostadas, fruta, embutidos, zumos, quesos, platos calientes... Por mucho que quieras evitarlo, la sensación de que puedes comer todo lo que quieras sin coste alguno, reforzado por la recomendación de los nutricionistas de hacer del desayuno la comida más fuerte del día, hace que inevitablemente empieces a poner en el plato todo lo que encuentras a tu paso. Y de esta manera te pones un par de bollitos de crema y pasas, una tostada, zumo de naranja mezclado con el de piña (ya que se puede...), un trozo de lasaña, otro de pizza turca, un huevo duro pasado por agua y de postre un yogurt... ah, y un café con leche, que para eso estamos desayunando. Y si vas de turismo en un grupo de viaje de fin de estudios puedes hacerte unos bocadillos para más tarde, que al mediodía siempre entra hambre... El bufé de un hotel es sin duda un medio de poner a prueba el cuerpo humano, porque vaya tela...

12:00 h Después de unas cuantas vueltas haciendo unas gestiones por la ciudad, y un poco antes de la hora habitual de comer en Turquía (allí empiezan a las 12:30) te sientas a comer, para que dé tiempo a ir al aeropuerto. Allí te ponen los aperitivos típicos, normalmente un trozo de lahmacun, un poco de queso, una ensalada al estilo de pipirrana y unas vinagretas de aceite con aceitunas negras donde mojar un poco de pan. Después de esto te pides un kebab de cordero al yogurt (nada que ver con los que se toman en España) y de postre una baklava (postre a base de pistacho o nuez y miel). Ah,y te tomas un té para rebajar.

16:00 h El vuelo a salido a las 15:00 h y después de las indicaciones para actuar en caso de accidente que da el azafato trucho de turno (ahora en todos los vuelos encuentro uno) y el despegue, el propio azafato te ofrece el menú y te pregunta si quieres pollo o pasta. Como ya hemos comido carne antes vamos a pedir pasta, que los hidratos de carbono vienen muy bien cuando se hace ejercicio, y todo el mundo sabe que en un avión se hace mucho deporte.

En el transbordo entre un vuelo y el siguiente, en el aeropuerto de Munich hay café e infusiones gratis, y como es gratis !qué coño, vamos a tomar uno!

19:00 h hora española. A las 18:15 ha salido el vuelo después de esperar un grupo del imserso procedente de Rusia. Los "simpáticos" ancianos, entre que oyen poco, que van a su ritmo y que tienen esa excitación de salir fuera de casa, hacen más ruido que una excursión de escolares. Han transcurrido 3 horas desde la última comida (ha habido cambio de hora y hemos ganado una), y como ocurriera en el primer vuelo el azafato truchimán te da comer. Esta vez no hay opción, el colega te endiña penne a la raviatta, que es un plato típico italiano, a ver que estamos pensando...

23:00 h Llegas a casa y por inercia antes de dejar la maleta abres la nevera. Hay gazpacho del Mercadona, un vasito apetece que hemos llegado a Madrid y aquí hace mucho calor. Veo el jamón y se me saltan las lágrimas. Lo que lo he echado de menos... En Turquía el jamón no existe, así que me corto un platito y lo acompaño de regañás. Y ya está, que la cena hay que hacerla ligerita... Bueno un yogurt, que siempre es bueno.

Resumen: después de hacer la dieta recomendada fui al water y acabé como Monchito, con los pies colgando.

Conclusión: esta dieta es muy recomendable para acabar como Don Pinpon.

Saludos

lunes, 18 de mayo de 2009

Recobrando el sentido


Su húmeda mirada descansaba ausente en el reloj de pared de la sala.

Cuando era pequeña no le gustaban los relojes pues oyó decir que mataban lentamente el tiempo. Paradójicamente, con los años, deseó que el tiempo acabara con ella cuanto antes, y el hecho de que aquel reloj se hubiese parado justamente en aquel instante no podía ser sino un guiño del destino.

Su cuerpo desencajado descansaba en el sofá, hierático en la oscuridad de la sala.

Oía la ausencia del tic-tac de aquel reloj. Olía el hedor en que el terror transformó su sudor. Parecía haber recobrado los sentidos.

Su pelo serpenteaba adherido a la piel de su congelado rostro sobre otoñales tonos que coloreaban desde hacía ya demasiado tiempo su maltrecha piel.

Una gota agridulce alcanzó sus labios. Aquel sabor le era más que habitual, si bien ese día le supo muy diferente. Por primera vez, la sangre no era la suya.

Escupió el asco contenido durante tantos años y de forma histérica se limpió con ambas manos la cara. Gritó inútilmente su ira ante aquel cuerpo inerte, pateándolo con saña, lamentando que no sintiera aquellos golpes que no suponían ni la milésima parte del dolor que él le había causado.

Rompió de nuevo en lágrimas y se quedó dormida por el agotamiento.

Al despertar, contemplo la horrible escena que le devolvía su vida, y se sintió, por primera vez en mucho tiempo, orgullosa de sí misma.