lunes, 15 de diciembre de 2008

Caracterización del incomunicador


Empujado por Deivid, hoy caracterizaré al Incomunicador.


El incomunicador es aquella persona que habla mucho y no dice nada. ¿Quién no recuerda a Ozores soltando chorradas inmensas como quien dice algo?. Pues bien, esto es sólo una parodia de un incomunicador común.

Como acabo de avanzar, el incomunicador es aquella persona que habla pero no dice ni transmite nada, ya que posee la virtud de bloquear el cerebro de su interlocutor. El oído capta lo que se habla, pero el mensaje no llega a procesarse ya que es como si estuviera encriptado. Normalmente el receptor no dice nada porque piensa que el problema lo tiene él por no haber sido capaz de entender lo que le están contado. Llega a darse el caso de que el mensaje está tan bien montado, que aún sin que el incomunicador diga nada, el receptor entiende algo.

"Tengo que hablar con el que dice que iba a buscar la fórmula de encontrar el método de conseguir un mejor rendimiento invirtiendo en la bolsa de patatas matutano". Esta frase, dicha del tirón, en un atril y por Matías Prats puede llegar a generar una ovación, pero es evidente que no significa absolutamente nada. Pues bien, el incomunicador lo lleva en la sangre, es capaz de abrir la boca y decir lo mismo que si estuviera comiéndose un bocata de choped.

Es por esto, que después de Ozores, Pajares o Pepe Viyuela, los incomunicadores más conocidos de este país han sido Aznar, Zapatero o Esperanza Aguirre (aunque esta última está entre incomunicadora y gallina caponata).

Y es que evidentemente cuanto más incomuniques más alto puedes llegar en la vida.

Así que voy a finalizar esta entrada porque en algún momento de la vida hay que dar por concluidas las cosas que se empiezan, porque si no se hacen cíclicas y comienzan de nuevo y no terminan nunca, y entonces ahora tendría que decir "Hola" en vez de "ATPC".

lunes, 8 de diciembre de 2008

Los cortos más largos del mundo...


Por aquellos azares del destino, el pasado sábado fui espectador de la Proyección de la Sección Oficial de Cortometrajes Iberoamericanos del Festival de Cortometrajes de Aguilar de Campoo. La proyección constaba de cuatro cortos, con una duración de unos 45 minutos.

Pues bien, allí nos presentamos veinte minutos antes de la proyección pues la entrada era libre hasta completar aforo, y nosotros, ávidos de cultura, no queríamos perdernos tan esperado evento, más aún después de haber realizado más de cien kilómetros. (la realidad es que llovía y en la calle hacía un frío de narices)

Completado el aforo (incluso había gente de pie), comenzó la proyección con el cortometraje brasileño Antonio pode (Antonio puede). Se lee RESPIRAR, y con una calidad similar a la de una grabación realizada por un móvil y colgada en el Youtube, aparece el tal Antonio con un traje blanco y cara de nosoymástontoporquenopuedo sentado junto a un gordo delante de una mesa. El gordo le dice a Antonio "inspira", y este hace el gesto de inspirar, y luego le indica que expire haciendo lo propio, mientras, al fondo, tras una puerta, pasan sombras andando de forma rara. Tras RESPIRAR vino VER, CONVERSAR y otras acciones diversas, cada una representada de forma más estúpida que las anteriores y siempre con el nosoymástontoporquenopuedo de Antonio como protagonista (el que quiera ver el corto que lo busque en Youtube). Mientras lo veía pensé que la idea podría estar basada en las enseñanzas de Barrio Sésamo, ya que me recordó a Gustavo con Coco haciendo aquello de "cerca.... lejos...". Insufrible.

Después de este, vino Oigo tu grito, cortometraje a plano fijo en el que aparece sombras a contraluz de una caseta, un árbol y un hombre. Durante más de un minuto la imagen no cambia, sólo se mueve el árbol por el viento y se oye un canto entre feo y horrendo. El tipo se mete en la casa. Medio minuto sin pasar nada. Salen de la casa unas 20 personas con un féretro hasta que se pierden en el fondo. Un minuto y sólo pasean unos patos delante de la casa. Sale el tipo y se sienta en una silla en el porche de la casa. Fin. Espero que el premio a la mejor interpretación se la dieran a alguno de los patos....

En este punto hubo gente que se levantó y se marchó... Nosotros aguantamos como campeones...
Sin reponernos de esta joya del cortometrajismo, asistimos a La Montaña, que si bien se presentaba con más contenido que los anteriores tenía como factor común el dejar al público con cara de estreñido. En este caso un niño y un adulto van ascendiendo por una montaña mientras mantienen conversaciones sin demasiado contenido. Al final llegan a un punto en el que tiran al viento las cenizas del padre del niño. Interesante

Por último Juego vivo el corto más corto de todos, ya que en dos minutos aparecen unos niños jugando al escondite en un bosque y se ve a un niño que al encontrar a una niña hace el gesto de disparar una pistola con el dedo y mata (de verdad) a la niña. Fin. Lo más interesante en este caso fue comprobar que los créditos duraron más que el propio cortometraje.

Lo más alucinante es que tras cada corto, siempre alguno (supongo que de la organización o pagado) comenzaba a aplaudir y arrastraba a algunos más. La única explicación que le pude encontrar es que aplaudían porque hubiera terminado, porque un minuto más podría haber causado una disfunción cerebral a cualquiera de los que estábamos allí.

Como ya escribiera en una entrada anterior que titulé Yo creo parece que con hacer cualquier cosa que no se haya hecho antes ya se está creando arte, y la verdad, estoy muy lejos de esa opinión. Si bien respeto el trabajo de todos los que han puesto su empeño en hacer esos cortometrajes, aunque como ya ha quedado claro no me gustaron nada de nada, considero que los que realizaron la selección pudieron esmerarse bastante más, ya que no habría sido muy difícil encontrar cortos mejores que los proyectados, aunque esto no es más que mi opinión.

El eslogan para el año que viene propongo que sea, ...el único festival en el que los cortos que se te harán largos...