miércoles, 24 de septiembre de 2008

Antología de la canción infantil - 1

Últimamente algunos conocidos míos han encontrado la paternidad o están en proceso, y esto le hace recordar a uno muchas cosas de su infancia. En concreto, hoy quiero hacer un análisis de aquellas canciones infantiles que nos vieron crecer...


Recuerdo aquella canción que decía a mi burro a mi burro le duele la cabeza, y el médico le ha puesto una gorrita negra... de todos es sabido que una gorrita negra quita el dolor de cabeza (está en el vademécum que utilizan en la Seguridad Social). Pero no suficiente con esto, al burro el médico le receta agüita con anís, una bufanda blanca, jarabe de limón (la gorra y la bufanda le daba un aire a Carlos Gardel) y todo esto porque al borrico le duele la nariz, la garganta, el corazón, las rodillas, las pezuñas... que digo yo que por mucho que quieras al burro lo mejor para él y para todos sería sacrificarlo, no?

La historia del Señor Don Gato (sí, aquel que estaba sentadito en su tejado, marramamiau miau miau) tampoco tiene desperdicio. Resulta que el felino recibe una carta para que se case con una gata y el colega de la emoción se cae del tejado y se parte las costillas y la puntita del rabo. A pesar de los intentos del médico del burro, que le recetó una chapela roja y un chaleco de croupier, el pobre Don Gato se muere, pero milagrosamente resucita por el olor a sardinas. El letrista de esta canción es también conocido por ser guionista de Cristal, Topacio y Bety la fea...

También, de muy pequeñito, cantaba aquella canción que decía: cuando los pollitos, hacen pío pío, es que tienen hambre o es que tienen frío... Recuerdo que por aquella época mi madre me compró un pollito de esos de colores (el mío era morado), y claro el animalito no paraba de piar. Yo, que creí encontrar el porqué en esa canción, supuse que Pepo-llito (que era como le llamé) lo que tenía era hambre, así que le echaba semillas a todas horas, y claro, en unos días el bicho se hinchó tanto que lo saqué a la calle y la gente se pensaba que era un globo de piolín. Como quiera que no dejaba de piar, concluí que Pepo-llón (lo tuve que rebautizar por el aumento de tamaño) tendría frío, así que le puse la bufanda del burro, pero sólo le quitó el dolor de garganta, así que le puse la manta eléctrica, y por supuesto, al día siguiente ya no piaba porque estaba frito, y mi madre, que se inventaba más historias que Belén Esteban, nos lo puso para cenar, argumentando que ella en la guerra había comido ratas y se calentaban con bidones en la calle. En fin, que nos comimos a Pepo-drido...

Luego aprendimos las canciones autobuseras como aquella del elefante que se balanceaba en la tela de una araña, y como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante. Un compañero mío de por entonces sigue en el autobús cantándola y lleva ochocientos millones de elefantes en la tela de araña de los cojones, y todo para ver si bate el record de la canción más larga del mundo... encima el colega se quejaba porque le decíamos que era "mu cansino".

Pero si hay una canción autobusera por excelencia es la de la sardina, muy divertida porque era como en las canciones de instrucción militar, en la que uno cantaba y el resto repetían lo mismo coreando. Una sardina, dos sardinas, tres sardinas y un gato. Encontraron la manera de meterse en un zapato. A la chichi chichi guagua a la guagua guagua chichi.... Yo quiero pensar que esta canción se creó como una clave, porque no me puedo creer que alguien se invente semejante gilipollez, y lo que es más, que trascienda a lo largo de los siglos (aunque si la Macarena tuvo éxito...)

Si nos fijamos, todas estas canciones tienen un denominador común, que son animales haciendo estupideces, y como no podía ser de otra manera, estas canciones nos marcaron y la evolución lógica del ser humano nos llevó a la cabra, la cabra, la puta de la cabra...

En fin... espero en próximos días hacer el análisis de otras canciones como el barquito chiquitito, la muñeca vestida de azul o mi barba tiene tres pelos.

Me voy a la cama con Susanita, que tiene un ratón chiquitín que....

lunes, 15 de septiembre de 2008

Palabrejas diversas

Buenas noches.

Hoy voy a poner algunas palabrejas de esas que lees en los libros y no tienes ni idea de qué narices significan.

Desabrido: Dícese de aquel alimento carente de sabor o persona áspera y desapacible en el trato. La curiosidad de esta palabra para mi es que proviene de desaborido, que significa sin sabor, soso, sin sustancia, la cual, de donde yo procedo suena fonéticamente a esaborío, y que queréis que os diga, a mi me suena así mucho mejor...

Alparcera: Se dice de la persona chismosa.

Plañidera: Llorosa, lastimosa. Se denominaba así a las mujeres que se contrataban para llorar en los entierros.

Caletre: Coloquialmente tino, discernimiento o capacidad. Esta es la típica palabra que no sabría como utilizar en la puñetera vida, entre otras cosas porque así tal cual no me suena a lo que significa...

Elato: Altivo, presuntuoso, soberbio. Otra que tal baila...

Donoso: Que tiene donaire y gracia... esta es de las que te suenan mucho y no acabas de saber qué narices significan. Espero que no se me olvide.

Zurruscarse: Irse de vientre involuntariamente. Esta sí que la voy a usar, de hecho me voy a ir que me estoy zurruscando...

Buenas noches

domingo, 7 de septiembre de 2008

La vuelta al cole

Después del periodo vacacional, en nuestra cíclica vida, un acontecimiento cobra protagonismo en gran parte de la sociedad: La vuelta al cole.

Los medios de comunicación se encargan de que antes de que las pieles se destiñan de blanco, las madres no tengan otra preocupación que la de equipar convenientemente a sus pupilos para que vayan adecuadamente al cole, y lo que es más difícil, hacerlo al menor coste posible. La verdad es que las madres fueron las precursoras del reciclaje como medio de ahorro, y en el caso que tratamos hoy, agudizan aún más su habilidad para la optimización económica.

Así, tratan de aprovechar todo lo que pueden de años anteriores: libros, mochilas, chandals, uniformes... A algunos niños los ves con los pantalones del uniforme por encima del tobillo y las madres les dicen "si es la moda, ahora se llevan piratas". Otras pretenden reciclar los libros al máximo, e intentan que sus hijos estudien con el libro de Geografía e Historia que estudiaron ellas, y claro el chaval suspende porque ya ni existe la URSS, ni Yugoslavia, ni reinan los Reyes Católicos...

Sin embargo, para la mayoría de los niños, la vuelta al cole es ilusionante. Para las chicas, comprar gomas de olores, folios de colores y carpetas para adornarlas con las fotos de los guaperas de la Ragazza es lo más.

También hay que llenar el estuche de todo lo imprescindible para triunfar en los estudios: goma, boli azul, boli rojo, boli negro, lapicero, rotus, compás, sacapuntas, regla, tipex, celo, subrayador fluorescente, linterna... pero si hay algo que es digno de mencionar es la goma para borrar boli. Creo que no existe mayor timo en la Historia de la Humanidad. Esta goma elimina el error boligráfico mediante la técnica de arrancar la parte de folio escrita. Sin comentario...

Forrar los libros es otra de las actividades ineludibles de la vuelta al cole, tanto es así que los fabricantes de libros no los forran de fábrica para que lo hagan los niños (qué trabajo les costará). El papel de forrar adhesivo es un gran avance, pero incrementa la dificultad para forrar los libros. Si no calculas bien la has cagado, y hagas lo que hagas siempre te vas a dejar más de una burbujita...

El primer día de colegio todo es espectación: los nuevos compañeros, los profesores, tu compañero de pupitre, el horario... Ese día sólo se hacen presentaciones y el horario, y todos los alumnos lo copian con atención haciéndose cuadrantes su regla, colorines... todo para encajar bien cuando faltar a clase.

En fin, el lunes a mi me toca mi vuelta al cole particular, aunque ahora es muy, muy distinta.

Buenas noches.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Estamos en crisis




lunes, 1 de septiembre de 2008

El Bosque de Harlan Coben

Hacía tiempo que no me leía un libro en cuatro días (las vacaciones también ayudan). Sin grandes alardes literarios, El Bosque de Harlan Coben es sin duda una de esas novelas policíacas que mantienen la tensión de inicio a fin, consiguiendo que el lector no quiera dejar de leer para conocer el desenlace

La trama se centra en los trágicos sucesos acaecidos veinte años atrás en un bosque junto a un campamento de verano. Cuatro muchachos desaparecieron del campamento, hallándose dos de ellos enterrados tras haber sido brutalmente asesinados. Los otros dos cadáveres nunca fueron encontrados.

El protagonista, Paul Copeland, fiscal del condado de Essex en Nueva Jersey, estaba al cargo de la vigilancia de los muchachos del campamento en el momento del suceso. Veinte años después, cuando parecía curado el dolor por el homicidio de su hermana aquella fatídica noche, aparece muerto un hombre con información que le relacionan con el fiscal. Este hallazgo hace que Copeland comience a investigar lo que realmente sucedió en aquel bosque.

Sin duda estamos ante uno de los grandes Best Sellers del momento.