miércoles 2 de abril de 2008

Cuando ellas toman el control...

La fuerza de la naturaleza está por encima de la voluntad del hombre. Esta afirmación es tan real como que todos alguna vez nos hemos comido un moco. Pensemos por un momento, cómo y cuántas veces la fuerza natural somete al ser humano de forma que no puede hacer otra cosa sino que resignarse ante su impotencia: un huracán haciendo volar una casa, un torrente de agua llevándose pesados coches o una gorda colándose en el metro. En algunos casos la naturaleza demuestra su fuerza sin aparente explicación con la única finalidad de humillar al hombre. Es el caso de la erección involuntaria.

Para aquellos desconocedores de este hecho (principalmente mujeres y pichas-flojas) explicaré que la erección involuntaria se trata de un fenómeno que se produce por incierta circunstancia y que consiste en que el miembro viril se pone a buscar ovnis. Y cuando digo incierta me refiero a que no hay motivo aparente para que el endurecimiento penal se produzca.

Todos los hombres saben de qué hablo. A mi mismo me ha ocurrido esto en alguna ocasión.

Estás tan tranquilo sentado en el banco de un parque con tu traje haciendo tiempo para hacer una entrevista de trabajo y tu amiguito se pone contento. La primera reacción es preguntarse ¿por qué?. Analizas tus pensamientos... ¿se dará cuenta de que no he hecho tres masters? ... rápidamente concluyes que eso no ha podido ser el origen del hinchazón de tu entrepierna. Miras a un lado y a otro como preguntándote, "¿qué has visto tú que no he visto yo?"...un barrendero recogiendo hojas del parque y una vieja dándole de comer a unas palomas... No existe explicación alguna, ella de forma unilateral ha decidido que es la happy hour.

Tu primera reacción es cruzar las piernas para que la vieja no advierta la tensión de tu bragueta, no vaya a ser que piense que quieres tema con ella o, lo que es peor, que eres un depravado y te pegue bolsazos con la plancha dentro (todas las viejas llevan la plancha en el bolso, y la que puede, la bombona de butano). Ahí te encuentras tú, sentado con la postura más forzada que la sonrisa de Concha Velasco, pensando que todo el mundo dirige su mirada a tu zona inguinal, y claro, la gente pasa y tú te acaricias la barbilla mirando hacia ningún sitio para que tu posición parezca la de un intelectual tratando de buscar la fórmula para... para... para bajarte la polla, pa qué nos vamos a engañar.

El nerviosismo por la inmediatez de la entrevista parece afianzar la tiesura del miembro, e intentas pensar en un método rápido de bajarle los humos a Pepinota (¿qué pasa?, yo le pongo nombre a mi cirio porque me da la gana, os quedaréis con las ganas de saber como llamo a mis pelotas). En ese momento comienza a librarse una batalla en la que tu picha se muestra ineluctable.

Lo primero que intentas es pensar en el último funeral en el que estuviste o en la vieja comiéndose un polvorón con la boca abierta. Nada. Es evidente que si ningún pensamiento tuyo ha llevado a Pepinota a tomar esa dura decisión, el pensar en algo horrible no conseguirá que deponga su firme postura. Es entonces cuando le amenazas entre dientes con troncharla, pero es ella la que se troncha de risa ya que sabes perfectamente que en su escondite sonríe ampliamente burlándose de ti. En ese momento sólo se te ocurre acabar con aquella situación apuñalándote la ingle, pero el lugar y la situación es del todo inapropiada.

Finalmente tu desesperación te hace gritar airado: “Ahora te pones muy subidita, pero cuando tienes que dar la talla bien que te escondes, ¿eh?” . La vieja te mira, y tú disimulas haciendo como que interpretas La venganza de Don Mendo. Es en ese momento, cuando Pepinota cual Mr. Hyde volviendo al Dr. Jekyll, se convierte en Morcillota sin dar ninguna explicación.

Piensas entonces que has vencido... “si ya me lo decía mi padre, más vale una vez amarillo que cien colorao”, cuando la realidad es, que tu miembro, cual niño pequeño, al dejar de prestarle atención tiene tendencia a tocarte los cojones...

Buenas noches.

Nota: La verdadera razón de que ocurra esto se debe a una disminución de la actividad mental o el uso de ropa interior excesivamente ceñida, que provoca una presión en el miembro provocando que este se excite involuntariamente.

1 comentarios:

Ricardín, campeón del futbolín dijo...

Sencillamente formidable!
Macho, se te ocurre cada cosa... que realmente es cierto, que a veces sucede. Y seguro que nadie ha encontrado forma más clara de explicarlo.
Eres un crack. Lástima que no dispongas de tiempo para cultivar tu elevada prosa satírica y cachonda.

 
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