martes, 26 de febrero de 2008

Sobre el Sistema Electoral Español

Con motivo de las inmediatas elecciones nacionales, llevo unos días informándome sobre los entresijos del sistema electoral español. Cuando llegas a los 18 años te dicen que ya eres mayor de edad y tienes edad para participar del sufragio universa, y sí, tienes edad, pero no tienes ni puñetera idea. De hecho, la mayoría (en la que me incluyo) seguimos sin tener ni idea de cómo funciona esto, y quizás, conocer el mecanismo nos proporcione un elemento más en el que reflexionar a la hora de emitir nuestro voto. (aunque el artículo es largo, creo que merece la pena leerlo completo)

La democracia permite que todo el mundo (mayor de 18 años) puede votar, y al mismo tiempo tiene la posibilidad de ser elegido (excepto militares, jueces y cargos de la administración y condenados). Esa es la bondad del sistema democrático, que todos podemos llegar a ser presidentes y todos tenemos la posibilidad de realizar nuestra elección. Lo que no es tan bondadoso, es el hecho de que el voto de cada valga más o menos en función de la procedencia geográfica del mismo. Más adelante lo explicaré

Los padres de la Constitución española se vieron en la tesitura de reinstaurar, tras 40 años de dictadura, el sistema electoral. Si bien no se partía de cero, puesto que en el siglo XIX ya se redactó la primera ley electoral, sí era necesario tener en cuenta el panorama político de la época, de forma que se recogiera todas las corrientes ideológicas, y por tanto, se contemplara, además de las opciones mayoritarias de izquierda, derecha y centro, los nacionalismos históricos. Así, la distribución de los 350 escaños del Congreso se realizaría por un sistema de elección provincial. Se decidió que toda provincia tuviera una representación mínima de 2 escaños, y que el resto se distribuyesen en función de la demografía de cada provincia. Evidentemente este sistema posibilita que opciones políticas locales puedan tener cabida en la representación del Congreso, evitando que se diluyan los votos a nivel nacional, tal y como implicaría un sistema de votación mayoritario (tantos votos tienes, tanto vales). ¿Qué ocurre? Que si pretendían que el sistema fuera proporcional se quedaron muy lejos, y aquí viene la explicación de porqué decía al principio que todos los votos no valen lo mismo.

Pondré un ejemplo:

TERUEL
Nº de escaños: 3
Censo (2004): 112.961

MADRID
Nº de escaños: 35
Censo (2004): 4.317.711

En el caso de Teruel un partido político se garantizaba en 2004 un diputado con 37.653 votos, mientras que en Madrid se necesitan 123.363 votos. Como se puede observar, conseguir un diputado en Madrid costaba tres veces más que en Teruel, y es por esto que no vale lo mismo el voto de un turolense que el de un madrileño.

Sigamos analizando:
En Teruel los resultados de las pasadas elecciones fueron los siguientes (participación 77,8 %):

PSOE: 35.765 votos (41,02 %) – 2 diputados
PP: 35.637 votos (40,87 %) – 1 diputado
Resto: 14.438 votos (16,55 %) – 0 diputados

Interpretemos estos resultados: El PSOE con tan sólo 128 votos más que el PP tiene un diputado más (realmente con que hubiera tenido un sólo voto más que el PSOE habría tenido 2 escaños y el PSOE sólo 1). ¿Por qué ocurre esto? Porque la distribución de escaños se realiza por la denominada ley d'Hont. Pongo un enlace que explica perfectamente cómo se realiza la asignación de escaños para no extenderme http://actualidad.terra.es/elecciones-2004/ley-dhont/

La verdad es que no parece muy justo, ¿no?. Para el PP quizás no tenga mucha relevancia a nivel nacional, pero para un partido como Izquierda Unida poder ganar o perder un diputado por un puñado de votos es bastante importante. Otra consecuencia de este sistema es que el que vota a una opción diferente del PP o PSOE siente que su elección es inútil (porque realmente lo es).

Pero esto no es todo. Veamos un ejemplo de cómo afecta esta distribución de escaños a nivel nacional (resultados electorales de 2004).

CIU: 835.471 votos (3,23 %) – 10 diputados
IU: 1.284.081 votos (4,96 %) – 5 diputados

Curioso ¿eh?. Parece que CIU se ve bastante favorecida del sistema electoral ¿verdad?. Pues no es del todo cierto. Si se hubiesen distribuido los diputados según el número total de votos y no según la ley electoral los resultados habrían sido los siguientes:

CIU: 12 diputados
IU: 18 diputados

Esto quiere decir que CIU se ve menos desfavorecida que IU. Pero ¿a quién favorece todo esto?. Pues a los principales partidos políticos nacionales, es decir PSOE y PP, que son los que se llevan los 15 escaños que, por una distribución porcentual lineal, corresponderían a estos dos partidos políticos.

Por otro lado, nuestro sistema de elección se realiza sobre listas cerradas que proponen los partidos. De esta forma no puedes votar al candidato que te confiere mayor confianza. Para explicarlo mejor, y con un caso muy reciente, una lista abierta permitiría a un votante del PP seleccionar como su primera opción a Gallardón en lugar de Rajoy, lo cual, a mi parecer, sería mucho más democrático.

Y la pregunta es ¿Cómo se hace para cambiar una ley que afecta directamente a quienes la tienen que aprobar?. Si alguien consigue responderla que ponga un comentario.

En fin, cada uno que saque sus conclusiones.

Para saber más: http://www.elpais.com/articulo/opinion/maquiavelico/sistema/electoral/espanol/elpepuopi/20080216elpepiopi_11/Tes

http://elglobo.blogspot.com/2007/10/las-deficiencias-del-sistema-electoral.html

http://www.aceproject.org/main/espanol/es/esy_es.htm

viernes, 22 de febrero de 2008

La carretera de Cormac McCarthy

Después de un viaje de seis horas y media estoy cerca de los míos, donde el mar se expresa con mi acento...

Últimamente hemos vivido como los medios de comunicación se han hecho eco de lo magnífico que resulta ahora viajar desde Madrid hasta Málaga en AVE. Lo que no dicen, es que está restringido a los bolsillos que puedan costearlo, porque 75 €, no es baladí para aquellos que andan con la economía justa.

En fin, mis principios (más que mi bolsillo) me impiden gastarme esa cantidad, y como siempre se puede sacar algo positivo, he aprovechado para aniquilar uno de los libros que tenía en el tintero: La carretera de Cormac McCarthy.

Se trata de un texto que estoy convencido no deja indiferente a nadie. En unas doscientas páginas, cuenta la historia de un padre y su hijo que avanzan por una carretera de Estados Unidos con un único destino: sobrevivir. La particularidad de este viaje radica en que transcurre por un terreno devastado, un escenario apocalíptico en el que cubrir las necesidades básicas y protegerse del resto de supervivientes, algunos de ellos consagrados cruelmente al canibalismo, se presentan como un tremendo reto. El autor expone la ficción de un modo muy peculiar, en el que destacan las conversaciones entre ambos protagonistas. Sin ser excesivamente descriptivas, las escenas de mayor crudeza provocan un tremendo terror psicológico.

Según tengo entendido ya se está grabando la película con Vigo Mortenssen como protagonista. En mi opinión, esta novela, más que otras, debe ser leída antes de ver la película. Yo particularmente, con el libro ya he tenido bastante (Hay imágenes que, para mi gusto, es mejor no ver).

En definitiva un libro muy original tanto en la historia como en la redacción, y que da muchísimo que pensar. Merece la pena.

Buenas noches.

jueves, 21 de febrero de 2008

Frases hechas

Buenas tardes,

Acabo de llegar a casa y al saludar convenientemente al portero, he reparado en lo que hasta ahora no me había fijado: mi portero siempre contesta hasta luego. Da igual que tú le des los buenos días, las buenas tardes, le digas hola, adiós o tontoelculo. Él siempre te contesta con su parsimonioso hasta luego. Me he puesto a pensar entonces qué hace que este hombre no tenga otra respuesta. Podría ser que el tipo no sepa nada más que esas dos palabras, pero no, porque en navidad sube a pedir el aguinaldo. Otra suposición es que esté dormido y tenga un sensor de presencia que haga que cuando pases active una grabadora con el hasta luego de las narices. Finalmente he concluido que mi portero es el tío más inteligente del mundo, y ¿por qué?. Pues porque la frase casi siempre encaja.

YO - Buenos días
PORTERO HASTALUEGUERO - Hasta luego
YO - Adiós
PH - Hasta luego
YO - ¿Hasta qué hora está usted hoy?
PH - Hasta luego.

Así no se equivoca nunca. La RAE define luego como "después, más tarde", y ahí radica la inteligencia de este tipo. Él sabe que te va a volver a ver después, ¿cuándo? nadie lo sabe, pero lo que es seguro es que es luego.

Eso sí, el día que se jubile lo tendré claro.


Esto de usar frases hechas es mucho más que una costumbre, a veces es un vicio. Un compañero mío y yo tenemos la costumbre de quemar frases que oímos, sólo por vicio. Me explico. Que vemos un anuncio en la tele en el que un macho ibérico le dice a una chica que come fabada disfrútalo rubia, disfruta ahí..., y ya aplicamos la frase a cualquier cosa. Que uno se toma un café disfrutalo ahí, que tiene que hacer un informe disfrutalooooo..., que va al baño ala disfruta disfruta....

Otros tienen muletillas y usan algunas frases de forma inconsciente. Es el caso de otro compañero que tiene de alguna manera por bandera. Así hemos podido ser testigos de frases imposibles de hacerles el análisis sintáctico al contener tres de alguna manera seguidos: Es que fulano, de alguna manera, tiene que, de alguna manera, hacerlo de alguna manera. Esto es verídico. Nosotros le hicimos sabedor de su dealgunamaneramiento y se ve que ha ido a algún hipnotizador porque ya no dice de alguna manera de ninguna manera.

Hay de quien usa la frase hecha como fórmula de conseguir aquello que va buscando. Así tenemos al típico que se mete la mano en los huevos y para reafirmar lo que dice acaba con un estamos de acuerdo. Y claro su convicción es tal, que muchas veces le dices: pues no. Y cuando ya no puedes más porque crees que se va a arrascar el tobillo por dentro del pantalón con la mano metida por la cintura, es cuando le dices que yesss, que es como se dice sí en inglés...

En fin, que todos tenemos frases que usamos más que las máquinas de tabaco.

Ala, disfruta ahí, difrutaloooo.

Cómo funciona un grifo monomando.

Bueno, pues dado que algunos ya me habéis preguntado, os explicaré como funciona un grifo monomando.

La explicación es sencilla. Como todos sabréis existen dos circuitos de agua, uno de fría y otro de caliente. Pues bien, en el grifo se enganchan ambos circuitos y cuando el mando está abajo cierra el paso de ambos. El grifo monomando tiene una rótula que al subir el mando permite la entrada de agua. Si lo subimos en la parte central permitiremos el paso de agua de ambos circuitos y si lo giramos a cada uno de los lados, iremos ampliando el paso de agua de uno de los circuitos y cerrando el otro, obteniendo así agua más caliente o más fría según la mezcla.

En fin, que toda esta explicación está muy bien, pero más vale una imagen que mil palabras, no?

miércoles, 20 de febrero de 2008

Encuesta...

Con objeto de conocer vuestros intereses e inquietudes he creado una encuesta para orientar las entradas del blog.

Os animo también a que en esta entrada pongáis como comentario, aquello que os gustaría saber, e intentaré, en la medida de lo posible, saciar vuestras ansias de conocimiento...

Se me ha ocurrido también un nuevo tema, que sería investigar como funcionan cosas y explicarlas aquí. ¿Alguien sabe cómo funciona un grifo?

Hoy... nada del otro jueves.

Resulta, que no siempre uno tiene la inspiración de su parte, y no porque no le ponga empeño. La verdad es que temas de los que me apetece aprender tengo a cientos, pero lo que no tengo hoy es cuerpo de extenderme demasiado. Así que hoy no hay nada del otro jueves.

¿Y de donde viene la expresión? Pues ahí está el sentido de esta entrada. Vean, vean...

Antiguamente, en época de cuaresma era habitual el realizar el viernes de ayuno, y por tanto en la víspera se solía comer abundantemente y, en la medida que cada uno podía, con cierta esquisitez. Se hablaba entonces de lo del otro jueves acerca de la abundancia y/o calidad de algo, por lo que algo que no es cosa del otro jueves ha transcendido para expresar aquello que no es significativo o digno de relevancia.

lunes, 18 de febrero de 2008

A la chita callando...

Bueno, recuperemos el espíritu del blog después de "Cuestión de Suerte". Quisiera que los que han leído la historia reflexionen sobre ella, ya que la moraleja es extensa (los que aún no lo han hecho, no sé a que están esperando..). En unos días abriré un pequeño debate y posteriormente explicaré lo que realmente he querido expresar...

En fin, me enrollo y hoy traigo una curiosidad curiosa...

¿Quién no ha dicho alguna vez aquello de a la chita callando...? Venga, tratad por unos segundos averiguar de donde viene la expresión de las narices..
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(no, no tiene nada que ver con la mona chita...)
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Venga que estáis vagos hoy...

Pues la explicación es la siguiente. Tiempo ha, los chavales jugaban a probar su puntería tirando a cierta distancia una piedra a una estaca. Esta estaca se denominaba hito en origen, más tarde chito y posteriormente chita. El caso es que los muchachos solían apostar quién era el Guillermo Tell del apedreamiento estaquil, y como es lógico, a los adultos pues no les gustaba que andaran con apuestas económicas, por lo que, los pilluelos, tenían que jugar a la chita callando, y de ahí que haya trascendido la frase para expresar aquello que se hace con sigilo o disimulo.

Ala, seguid aprendiendo!!

sábado, 16 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 12ª parte (FINAL)

Germán llegó a su casa después de una jornada terrible de trabajo. A pesar de haber explicado lo sucedido a su jefe, le descontarían las botellas rotas de su nómina, tal y como especificaba su contrato. Se extrañó al ver a su hijo allí. “Hola Luis, ¿no tenías fútbol esta tarde?” El muchacho no respondió, ni siquiera se giró para mirarle. Germán volvió la vista hacia su madre. “Su mejor amigo del colegio ha sufrido un accidente y está en el hospital”. Le dijo la anciana. Germán se acercó a su hijo y le acarició el pelo “No te preocupes, seguro que está bien. ¿Quieres que vayamos a ver como se encuentra?”. El muchacho alzó la cabeza. Tenía los ojos sanguinolentos y los mofletes colorados. “Venga. Coge el chaquetón. Hace mucho frío hoy en la calle”.

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Elvira se tomó otro tranquilizante. Sabía que había cometido una negligencia y eso le supondría un expediente y quedarse con total seguridad sin trabajo. Pero no era eso lo que le preocupaba, ya que, en cualquier caso, no volvería a trabajar como médico. Sólo deseaba que Hernán despertara. La falta de oxígeno hizo que entrara en coma, y finalmente fue intubado para evitar que sufriera una parada cardiaca. “¿Por qué coño no le habéis intubado?” Resonaban las palabras del Director de Urgencias en su cabeza. Levantó la cabeza de su taza de tila y observó a Esteban. Se encontraba sentado en la sala de espera, completamente abatido. Había ido por su propio pie hasta el hospital desde el lugar del fatídico incidente. Sus pantalones estaban aún manchados por el barro seco y de haberse orinado encima. Elvira se le acercó “Vete a casa, tus padres estarán preocupados.” Una lágrima se deslizó por la mejilla de Esteban y cayó al suelo. “No puede morir” Dijo con rabia el chico. Elvira se sentó a su lado compartiendo el sentimiento de culpabilidad de Esteban.

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Germán y Luis preguntaron por Hernán en la recepción. “Se encuentra en coma en la unidad de cuidados intensivos” informó la enfermera. Al darse la vuelta se toparon con Fernanda y Sasa que volvían de la cafetería. Aquella mujer... La recordaba perfectamente de aquella mañana. El hijo de Germán las saludó. “Hola Luismi, gracias por venir” le devolvió el saludo Sasa. “Ay mi hijo, si le hubiera acompañado al colegio” Repetía una y otra vez Fernanda llorando desesperada.

Germán sintió como si su cuerpo se zambullera en una piscina de agua helada cuando supo que Hernán llegó al hospital en la ambulancia que tuvo que esperar a que él retirara la furgoneta aquella mañana.

“Familiares de Hernán Gáldamez” Preguntó un médico según entraba en la sala. Fernanda y Sasa se acercaron apresuradamente.

Germán, Elvira y Esteban observaban inquietos sin lograr a escuchar lo que decía el doctor.

Fernanda se echó a llorar estrepitosamente mientras Sasa trataba de calmarla.

Un sentimiento de culpabilidad se adueñó de cada uno de ellos. La muerte de Hernán les pesaría el resto de sus vidas.

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Al día siguiente dos vecinas del barrio comentaban lo sucedido. “Pobre familia” dijo una. La otra le contestó “Pues sí. Pero ya se sabe, en la vida y en la muerte, todo es cuestión de suerte”.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 11ª parte (Lee antes la 10ª que la he publicado también hoy)

Enlace a la 10ª parte

Hernán sacó un chicle y se lo introduzco en la boca mientras esperaba a Luismi en el parque. Habían quedado allí para ir juntos al colegio.

De repente alguien le cogió por la espalda inmovilizándolo. “¡Ahora, hazlo!” Gritó Marcos a Esteban. Hernán trató de zafarse, pero sólo consiguió que otro más se sumara para que no pudiera escaparse. “¡Si quieres formar parte del grupo, haz que se trague esa rula, coño!” Esteban miró la píldora momentáneamente y se abalanzó sobre Hernán que se resistía movía la cabeza rápidamente de un lado a otro para impedírselo. Esteban le dijo “Perdona tío, pero tengo que hacerlo” y agarrándole la cabeza, aprovechó el momento en que Hernán gritaba socorro para introducir aquella pastilla en su boca. El pobre muchacho logró escupirla, pero el chicle se deslizó por su garganta obstruyéndole las vías respiratorias. Hernán empezó a toser fuertemente y los dos chicos que lo sostenían lo soltaron. “¿Qué has hecho pringao?” Dijo Marcos nerviosamente empujando a Esteban. “Venga tíos vámonos” ordenó al resto, que salieron corriendo tras él. Esteban trató de ayudar a Hernán a respirar golpeándole la espalda, pero no resultó.

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Elvira soltó la taza de café cayendo estrepitosamente al suelo y salió del bar como alma que lleva el diablo. En unos segundos llegó a la altura de Hernán y Esteban. “Tranquilos soy médico. ¿Puedes hablar?” preguntó a Hernán. El chico, congestionado, movió la cabeza en un gesto negativo. Miguel llegó al lugar del suceso al mismo tiempo que lo hacía Luismi. El muchacho preguntó “¿qué ha pasado?”. Esteban le miró con los ojos llorosos incapaz de articular palabra.

Elvira rodeó a Hernán desde atrás con sus brazos y con un puño agarrado con la otra mano comenzó a presionar repetidamente hacia arriba. En ese momento Carlos llegó a la altura del incidente con la ambulancia. Hernán no mejoraba, pero no perdía el conocimiento. Elvira miró nerviosa a Miguel. El miedo de que le pasara algo al chaval se apoderó de ella. “No vamos a esperar ni un minuto, el Hospital está sólo a dos manzanas, subámoslo a la ambulancia”.

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Germán logró sacar la rueda de la alcantarilla con la ayuda de Fernanda. “Gracias señora” dijo angustiado. “De nada señor, pero apresúrese en quitar su furgón, hay una ambulancia allá en el fondo” Respondió Fernanda. Germán levantó la mirada hacia el horizonte de coches. Había una ambulancia unos seis coches por detrás del autobús. Tiró la carretilla y se montó de un salto en la furgoneta arrancándola y saliendo en un santiamén.

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Hernán estaba cada vez más congestionado. “¡Aquí hay un puto atasco!” Gritó Carlos dándole más intensidad a la sirena. “Tranquilo guapo, que en seguida estamos en el Hospital” le dijo llorosa Elvira. “Deberíamos intubarlo” le indicó Miguel. “Aún está consciente, y estamos a cien metros del Hospital, ¡no pienso desgraciar al muchacho para el resto de su vida!” Gritó Elvira desesperada. No se sentía con capacidad de realizar la intubación con garantías, estaba extremadamente nerviosa. “¡El tráfico avanza!” Anunció Carlos. Elvira sintió un gran alivio instantáneo.

En el momento en que la ambulancia accedía a las urgencias del Hospital, Hernán perdió el conocimiento.

Cuestión de suerte 10ª parte (esto se calienta...)

Esteban cogió la gorra negra que su tío le había regalado para jugar al tenis, se la incrustó en la cabeza y tiró de la puerta. El frío de la mañana no hizo sino acentuar la dureza en su rostro, que expresaba una rabia contenida. Se paró frente al semáforo y pensó en su padre. Su sentimiento hacia él había cambiado por completo. Había pasado de la más absoluta admiración al desprecio. No podía comprender por qué les había abandonado así a él y a su madre.

Una furgoneta le salpicó al pasar por un charco de la lluvia de días anteriores acentuando su ira. El vaquero quedó completamente manchado, pero Esteban no hizo ademán de limpiarlo. Apretó los dientes y odió al mundo.


Al cruzar el parque pasó por delante de un grupo de repetidores de su clase que estaban sentados en el respaldo de un banco y empezaron a mofarse de él. “Ey, niñato, ¿ahora vienes al colegio disfrazado y lleno de mierda?” Todos se rieron con el comentario. Esteban se giró y se acercó a él con decisión soltándole un puñetazo que le tiró del banco. El resto se miraron entre sí y comenzaron a reírse aún más fuerte que antes. “Vaya con la mosquita muerta” dijo Marcos, que era el mayor y el cabecilla del grupo “ahora va a resultar que tiene los huevos bien puestos”. Esteban le miraba desafiante. “Mira, vamos a hacer una cosa” Le dijo Marcos a Esteban “Si te tomas esta rula” le dijo mostrándole una pastilla “eres de nuestro grupo, y si no, puedes empezar a correr...”. Esteban cogió la pastilla y se dispuso a llevársela decidido a la boca. “!Espera¡” gritó Marcos mirando por encima de la cabeza de Esteban “Se me está ocurriendo algo mejor...”

martes, 12 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 9ª parte (yo no me perdería la próxima..)

Fernanda cantaba alegre mientras ponía a Hernán un desayuno chapín con frijoles negros, huevos estrellados y plátano frito. Ese lunes comenzaría a trabajar con un contrato con el que conseguiría finalmente los papeles de residencia. Hasta el momento sólo había conseguido trabajar realizando sustituciones en trabajos mal retribuidos. Al fin podría dejar de abusar de la hospitalidad de su hermana ayudando económicamente a la casa.

Hernán sonreía contagiado de la alegría de su madre. Hacía dos meses que había comenzado el colegio, y había encontrado en Luismi un buen compañero. La verdad es que sentía el rechazo de la mayoría de sus compañeros, pero no era muy diferente al que percibía de su familia en el poblado. Sin embargo, nunca había tenido un amigo como Luismi, y eso compensaba con creces cualquier circunstancia negativa.

“Vamos mi hijo, tu madre tiene que ir a trabajar.” Apremió a Hernán acercándole la mochila que le había regalado su tía. Hernán se puso el chaquetón perezoso y se colgó la mochila a la espalda. Ambos salieron de la casa de Sasa dispuestos a comenzar un gran día.
“De verdad que no quieres que te acompañe al colegio, mi amor” reiteró Fernanda. “De verdad madre, que ya quedé con Luismi, no seas pesada” protestó Hernán. “De acuerdo mi hijo, ten cuidado. Te quiero mucho mi niño” Fernanda le plantó dos sonoros besos a Hernán en las mejillas, que gruñó frunciendo el ceño y tomó su camino dirección al colegio.

Cuestión de suerte - 8ª parte (no digo na...)

Germán estaba algo más positivo. Le habían concedido el cambio de zona de reparto al barrio donde se crió. Tras la ruptura con Marta había vuelto a casa de su madre, pero vivir en la otra punta de la ciudad no impidió que cayera en aquella depresión. “Hay más mujeres” pensó. Pero no sentía que pudiera encontrar otra mujer que llenara su vida. Al menos su hijo se había trasladado con él, y eso le animaba a no hundirse en el pozo.

Se sentía cansado por el intenso fin de semana. Aún se le ponía el vello de punta al recordar el momento del control de alcoholemia. “Tuve mucha suerte” reflexionó. Hacía más de 24 horas que no había probado una gota del alcohol. En la radio de la furgoneta sólo parecían emitir anuncios de bebidas alcohólicas. La apagó.

El primer reparto tenía que realizarlo al restaurante El índalo. Oteó desde lo lejos la zona de carga y descarga. Como suelen decir los repartidores, estaba completa. Pensó en cuántas veces habían solicitado los comerciantes la ampliación de la zona “por ser del todo insuficiente”. Hacía más de seis años que se reiteraba aquella demanda que las autoridades competentes desatendían constantemente. No obstante, tan sólo había una furgoneta haciendo uso del espacio restringido. El resto eran coches aparcados indebidamente, probablemente por la temprana hora de la mañana. Vio un aparcamiento a unos veinte metros. El Germán de antes habría ido hasta allí, aunque le hubiera supuesto un esfuerzo adicional. Ese día no estaba de ánimo. La calle tenía dos carriles, por lo que arrimó la furgoneta a los coches mal aparcados y abrió las puertas traseras del vehículo.

Sacó la carretilla y cargó las dos cajas que tenía que entregar. En ese momento pasó un coche de la Policía Municipal que le advirtió “Oiga, está interfiriendo el tráfico, haga el favor de quitar la furgoneta”. “¿Por qué no se lo cuenta a los dueños de esos coches que son los que están mal aparcados e impiden que yo realice correctamente mi trabajo?” Respondió con cierto tono airado. El agente echó un vistazo y se dio cuenta de que Germán tenía razón. “Bueno, haga el favor de tardar lo menos posible” indicó el policía. “Descuide agente” respondió Germán empujando con el pie la base de la carretilla para subir el bordillo.


“Falta una botella en esta caja” hizo observar Germán al camarero. “Vaya, espere un minuto, debe estar por aquí”. Respondió buscando debajo de la barra. El intenso sonido de una bocina alertó a Germán. Asomó la cabeza y vio como un autobús era incapaz de rebasar su furgoneta. “!Por favor, dése prisa!” apremió Germán. “Estoy seguro que está por aquí...”. Los pitidos se multiplicaron generando un ruido escandaloso y desproporcionado. “¡Déjelo!” Gritó Germán saliendo apresurado con las cajas.

Al salir una de las ruedas de la carretilla se le enganchó en la rendija de una alcantarilla rota, provocando que se desequilibrara las cajas y se cayeran todas las botellas por el suelo. El estrépito de los cristales rompiéndose contra el suelo resonando con el bullicio de las bocinas de los coches taladró la moral de Germán. “¡Me cago en mi puta suerte!” maldijo desesperado.

domingo, 10 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 7ª parte (ya queda menos... LEE LAS PARTES ANTERIORES!!)

Elvira escondió la barbilla tras el cuello de la chaqueta y aceleró el paso. El frío aire de la sierra se acentuó al atravesar el desprotegido parque. Había ido a la oficina a entregar el alta, por lo que quedó con sus compañeros directamente en El elefante, la cafetería donde desayunaban habitualmente. Se detuvo antes de cruzar la carretera y pensó que aún se podía marchar. Desde allí podía ver a Miguel y Carlos a través de la puerta de cristal. Reían divertidos, y se preguntó qué ocurrencia habría dicho Carlos. Sonrió y se animó a entrar. “Buenos días, señorita, me alegro de verla de nuevo por aquí” Le dijo amable el muchacho que le entregaba siempre en la puerta aquel periódico gratuito. Elvira se lo agradeció y le dio un caramelo como hacía habitualmente.

Empujó la pesada puerta y saludó a sus compañeros. Ambos la abrazaron y la besaron, y Miguel le acercó una pequeña margarita que había cogido minutos antes en el parque. “Menos mal que has vuelto, tu sustituto era un más seco que un bocata polvorones” dijo Carlos con su marcado acento andaluz. “Dos días más con ese tío y me cojo yo también la baja...” Elvira se rió con el cumplido. “Yo también os echaba de menos guapetones”.

Sus compañeros le pusieron al día de las cosas ocurridas en su ausencia, mientras, el camarero le preparaba el café con leche que había pedido. Estando allí tenía la sensación de no haberse ido nunca, y eso le reconfortó. Se encendió un cigarro e inundó sus pulmones de una falsa tranquilidad. Se preguntó cuántas veces había pensado que lo tenía que dejar. Ojeó la última página del periódico y se detuvo en su horóscopo. No creía en aquello, pero tenía la costumbre de ver qué futuro le ofrecían aquellos charlatanes. Géminis: Hoy es buen momento para llevar a cabo ese reto que siempre te has propuesto. Aparecerá alguien importante que será determinante en tu vida. En el trabajo no permitas que se impongan aquellos que no tienen razón.

Alzó la cabeza pensativa mientras rascaba uno de los arañazos que Sauca le había propinado cariñosamente en la mejilla. Miró hacia el parque y vio como unos muchachos se pasaban un cigarro, y recordó aquellos días en que empezó a fumar. Sin desviar la mirada dejó caer el cigarro aún por la mitad al suelo, y sintió que ese era el momento en que las cosas iban a cambiar.

sábado, 9 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 6ª parte (lee antes la 1ª, 2ª ,3ª, 4ª y 5ª parte.)

Sasa vestía encantada el hermoso huipil bordado a mano por su hermana. Aquel regalo era un pequeño bocado con el que podía saborear la esencia de su tierra que tanto extrañaba. “Hablé con Agustín y no habrá ningún problema en que Hernán se incorpore a la escuela la próxima semana. El lunes le harán una prueba para determinar en que curso se podrá incorporar.” A Fernanda le parecía aquello un sueño. Su hermana ya había resuelto todo en menos de una semana. La admiraba profundamente. Apenas había cambiado físicamente, pero ahora era toda una mujer con una capacidad increíble de valerse por sí misma. “Sí ella pudo” pensó “yo también podré hacerlo”.

Fernanda miró feliz a su hijo. Con quince años ya era todo un hombrecito, si bien su mirada era aún la de un niño. Recordó el durísimo parto que la dejó estéril y le impidió darle tres hermanos, tal y como ella siempre había deseado. Sus primos, inculcados por sus padres, siempre lo habían considerado diferente, y no tener hermanos le convirtió en un niño extremadamente introvertido. Ahora, tendría la oportunidad de encontrar nuevos amigos.

Hernán avanzaba por el pasillo acompañado por el Jefe de Estudios. Se detuvieron frente a una puerta que el escuálido hombre golpeó con sus nudillos. Tras unos segundos apareció Peláez, el profesor de matemáticas. Llevaba sobre la ropa una bata blanca, y el escaso pelo desordenado le daba aspecto de científico excéntrico. Se rascaba nerviosamente la barbilla blanqueándola con el polvo de tiza que cubría sus dedos. “Este es el muchacho del que te he hablado esta mañana” El extraño personaje le sonrió y le introdujo al interior. “A ver muchachos, ¡¡silencio!!” Los alumnos hablaban sonoramente. “¡¡Dejad las garambainas y prestad atención!!”. Poco a poco el orden se fue estableciendo en la clase, más por la curiosidad que despertaba el pequeño intruso que por la autoridad del profesor. “Gracias. Este es un nuevo compañero que se incorpora hoy a nuestra clase” explicó. “Se ve que hoy estamos de suerte,...” dijo una voz al fondo “...nos han traído a un gordo y a un moro...”. Algunas risas acompañaron aquella estupidez. El profesor hizo oídos sordos a aquel comentario. “Hernán es de Guatemala.” dijo Peláez y volviéndose hacia Hernán le guiñó un ojo y dijo en voz alta.“Tranquilo, no todos son zamacucos. Siéntate con Luis Miguel, que se ha incorporado también hoy con nosotrosos” El rollizo muchacho le sonrió desde su asiento y Hernán le devolvió tímidamente el gesto.

viernes, 8 de febrero de 2008

Cuestión de suerte 5ª parte - (te has leído las anteriores? pues no te pases de listill@ y léelo en orden)

“Por favor, abróchense los cinturones en breves momentos va a iniciarse el descenso hacia el aeropuerto de Madrid - Barajas, en el que aterrizaremos en unos minutos...” La voz de la azafata sacó a Fernanda del profundo sopor en el que se encontraba sumida. Dirigió de nuevo la mirada hacia aquel trozo de papel doblado que tenía entre sus manos. A pesar de que habían pasado ocho años desde entonces, recordaba a la perfección el día en que recibió aquella carta de Sasa.

Sáasil, o Sasa como Fernanda la llamaba cariñosamente, era más que una hermana para ella. La muerte de su madre al nacer, hizo que su tía Aureliana se hiciera cargo de ella. Sasa era tan sólo dos meses mayor que ella, por lo que se criaron juntas. Recordaba con nostalgia los días en que, las dos vendían flores por el mercado, hasta el día en que, con quince años, ofreció a un apuesto joven una monja blanca “Buenos días señor, ya le vi en la cara que vino a por una flor” dijo risueña Fernanda. “¿Cómo lo supiste linda niña? ¿Acaso eres bruja? Es cierto... vine a por ti” respondió descarado el muchacho. Los negros ojos de Humberto atravesaron el alma de Fernanda. Ese mismo día se fue con él a Chichicastenango y desde entonces sólo había visto a Sasa en dos ocasiones: el día de su boda y al nacer Hernán. Siete años después, aquella carta le traía noticias.

En ella le contaba que la delicada situación económica de la familia le había hecho emigrar a España. Allí tenía una amiga que trabajaba en una cafetería, y a través de una asociación, le había conseguido un trabajo como limpiadora de servicio doméstico. Al final le proporcionaba sus datos por si algún día la necesitaba. “Te quiere mucho tu hermana Sasa....” Terminó de leer Tito José, el maestro de Hernán. El rostro de Fernanda estaba cubierto en lágrimas. Extrañaba muchísimo a su hermana, y envidiaba su futuro, ya que la vida con Humberto no era como ella había soñado. Desde entonces siempre llevaba consigo aquella carta, que, aunque sabía de memoria, cuando tenía ocasión, pedía a alguien que se la leyera.

El impacto de las ruedas del avión sobre la pista de aterrizaje la apartó de sus recuerdos.
Miró nerviosa a su hijo que agarraba fuertemente el asiento asustado. “Tranquilo, mi hijo. Pronto estaremos con Sasa, ya verás lo tremendamente linda que es tu tía...”

jueves, 7 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 4ª parte (si no lo has hecho lee antes las partes anteriores)

La lluvia se presentó justo al iniciar la marcha por la cuesta hacia el Cerro de Pascual Abaj. Parecía como si los dioses lloraran también la muerte de Humberto. Fernanda avanzaba lentamente tras el auto que transportaba el féretro de su marido. Sus lágrimas se confundían con las pequeñas gotas de lluvia que impactaban en sus mejillas. Su único hijo, Hernán, contemplaba el movimiento de la columna de humo proveniente de la quema de incienso y copal, que desdibujaba el colorido mosaico formado por las lápidas del cementerio. Los amargos llantos se mezclaban con el cloqueo de algunas gallinas que los hermanos de Humberto llevaban para entregar en sacrificio.

La meteorología aceleró el ritmo habitual de la marcha, y en menos de media hora habían cubierto el escaso kilómetro que separaba el cementerio del poblado de Chichicastenango. Al entrar, se dirigieron a uno de los altares donde realizaron a Huyup Tak’ah, dios maya del hombre, ofrendas de comida, flores, cigarrillos y alcohol, y tras un breve ritual, procedieron al sacrificio de las aves.

La familia de Humberto era de etnia quiché y por tanto tenían una concepción cíclica de la vida y la muerte. “Su alma en este momento está completando su unión con los ancestros” dijo el Chamán que oficiaba el ritual funerario. Mientras, en silencio, Fernanda rezaba para sí un Padre Nuestro.

Hernán no parpadeó durante el tiempo que el cuerpo de Humberto desaparecía bajo una lápida blanca. Tal y como manda la tradición ese era el color que le correspondía como padre de familia.

Fernanda sabía que la muerte de su marido sería mucho más traumática de lo normal. Ella era de Xela una localidad a unos doscientos kilómetros de Chichicastenango, y el hecho de no ser quiché había hecho que la familia de Humberto nunca la aceptara. Con su muerte, Fernanda había perdido toda su familia, y sabía que permanecer en el poblado sería más que un suplicio. El trabajo en el mercado junto a sus cuñadas sería imposible de soportar, y aspiraba a un futuro mejor para Hernán. Sin Humberto, su estancia allí ya no tenía ningún sentido.

A sus 31 años, pensó, aún tenía tiempo de iniciar una nueva vida, lejos de todo aquello.

Estaba decidida, todo iba a cambiar.

lunes, 4 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 3ª parte (lee las anteriores si aún no lo has hecho)

Esteban miró a sus padres sentados frente a él. Su madre le obsevaba con los ojos hinchados. Su padre apoyaba la barbilla sobre las manos con la mirada perdida en el suelo. El carillón del antiguo reloj del salón rompió el silencio. A la añeja melodía le siguieron cada una de las siete campanadas que a Esteban le resultaron más largas que nunca. Parecía como si todo hubiera estado esperando a aquel momento.

“Verás hijo” terminó por decir su padre “tu madre y yo llevamos un tiempo bastante mal, y hemos pensado que lo mejor para todos es que nos separemos”. La madre de Esteban rompió a llorar nerviosamente “¡Has pensado tú!” gritó desesperada. “¡Laura, lo hemos hablado cientos de veces, y quedamos en que no lo íbamos a hacer más difícil. Esteban no tiene la culpa de nuestros problemas!”. Respondió airado su padre tensando la postura, sin dirigirle la mirada. “¡¡Exacto, Esteban no tiene la culpa de que su padre sea un asqueroso egoísta que no es capaz de pensar en nadie más que en él mismo, ¿acaso crees que esto es lo mejor para él?. Siempre has sido un mierda!!”. Exclamó rabiosa su madre. “¡¡No te pienso consentir que me hables de esa manera delante de nuestro hijo!!” amenazó con el dedo su padre.

Los gritos y reproches se sucedieron entre ambos sin reparar en Esteban, que contemplaba desconcertado la escena. Parecía una de aquellas discusiones televisivas que, por inapropiadas para su edad, le prohibían ver. Ahora, sus padres eran inconscientes protagonistas de la más lamentable de todas las que Esteban vería en su vida...

El padre de Esteban se levantó y se dirigió hacia la puerta “¡¡Me voy por no hacer una tontería!!” Abrió la puerta y su mirada se detuvo un instante en Esteban. El chaval le miraba boquiabierto, con los ojos inundados de incredulidad... El portazo devolvió el mutismo a la estancia, quebrado tan sólo por el quejido lloroso de su madre, que le abrazó y le dijo “Tranquilo cariño que todo va a salir bien...”

Esteban siempre había sido un niño ejemplar. Sus notas eran excelentes y por su extremada prudencia era la envidia de las amigas de su madre. Sin embargo, Esteban nunca vivió el amor de cerca. Sus padres se habían entregado en darle la mejor de las educaciones, pero fueron incapaces de inculcarle lo más importante de la vida, aquello que no se puede enseñar. Inevitablemente, no se puede dar aquello que no se tiene...


Habían pasado tres meses desde entonces. La madre de Esteban, apenas le hablaba, y se encontraba permanentemente drogada por antidepresivos y ansiolíticos. A su padre, desde aquel amargo día, no le volvió a ver. A sus doce años, Esteban asimiló difícilmente todo aquello. Se preguntaba qué había hecho para que todo aquello le ocurriera. La bondad de su comportamiento y su esfuerzo en los estudios se veían correspondidos con aquella angustia. ¿De qué había servido tanta obediencia?

Esteban cogió su jersey gris y se dispuso a ponérselo para ir al colegio. Cuando ya lo había traspasado con su cabeza, se detuvo. Ese jersey no le gustaba nada, siempre se lo había puesto por imposición. Se despojó rabiosamente de él y lo tiró contra la pared. Aunque su madre no se lo permitía, se puso unos vaqueros y las zapatillas de deporte.

Estaba decidido. Ese día, todo iba a cambiar.

domingo, 3 de febrero de 2008

Malaaaaaaaaambo

Buenas tardes....

Acabo de llegar de FITUR, y para el que no haya ido nunca le diré que es áltamente recomendable. FITUR es como ir a un parque temático de lugares del mundo, y por tanto sitio donde descubrir cosas de lo más curiosas.

Puedes hacerte una caricatura gratis; ver un marroquí realizando artesanía con los pies; un sirio haciendo alfarería; chinos que escriben tu nombre en chino (o eso dicen); frutas decoradas con formas de flores que realizan los tahilandeses; comer degustaciones de dulces sirios, pintxos vascos o tapas mexicanas; beber un mojito; aprender a hacer una piña colada, y lo que es mejor, bebértela; bailar salsa, cumbia o chachachá con músicos venezolanos y cubanos en directo; y si quieres, hasta puedes coger información turística...

Pero si algo me ha impresionado ha sido a una pareja que ha realizado una danza típica argentina; el Malambo con boleadoras. Que qué es el Malambo? pues creo que mejor que contarlo lo véis vosotros mismos.

Yo lo he flipao....

sábado, 2 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 2ª parte (Si no lo has hecho, lee antes la 1ª)

Elvira se despertó entre sudores. Hacía tiempo que no le ocurría, pero de nuevo volvió a ver en sus pesadillas la cara de aquel pobre chaval. Habían pasado a penas tres meses desde que consiguiera aquel puesto de médico del SAMUR después de 12 años de lucha contra los libros, las prácticas, y lo peor de todo, su padre. Él siempre había dudado de sus capacidades. A sus ojos el hecho de ser mujer la convertía en inferior, y ser médico no era una profesión apropiada para una mujer. La actitud de su padre hizo que se definiera como una persona insegura y dudosa de sus posibilidades. En realidad, no era exactamente lo que ella había deseado, pero acceder a aquel puesto permitiría a Elvira verse liberada de aquel inmenso lastre. A sus 31 años por fin podía demostrar que sí que era capaz de hacer todo aquello de lo que todos, incluida ella misma, habían dudado.

Aquella noche volvieron las dudas. Creía haber superado aquel día terrible. Recordaba perfectamente cada segundo desde que llegó al lugar del accidente. Sobre todo no había podido quitarse de la cabeza el momento en que, al darle la vuelta al cuerpo inmóvil de aquel muchacho, descubrió su rostro desfigurado por el impacto contra el bordillo. Tenía la boca destrozada, la nariz completamente hundida y se le había salido un ojo por el impacto. El tiempo se paralizó en ese momento y no pudo reaccionar. “¿Está vivo?” La voz de Miguel, el enfermero, la sacó de aquel estado de parálisis. Llevó sus dedos temblorosos al cuello cubierto de sangre . “Sí, aún vive, pero tiene muy poco pulso”. El corazón se le aceleró. Por un momento deseo que el muchacho hubiera estado muerto. La responsabilidad de salvar aquella vida era demasiado grande para lo que su frágil personalidad podía soportar. “Menuda fractura tiene en la pierna”. Dijo Miguel. La terrible imagen de la cara había hecho que pasara por alto aquella fractura abierta . Elvira sintió que el mundo se le venía encima. “Tenemos que reanimarlo” Según decía esas palabras la vida del muchacho se esfumaba...

Tras unos minutos tratando de devolverle a la vida oyó de nuevo la voz de Miguel “Déjalo Elvira, está muerto”. Esas dos últimas palabras retumbaron en su interior, destrozando su alma en mil pedazos. Siempre supo que eso tendría que pasar algún día, pero no se imaginaba que podría ser así. No estaba preparada para que sucediera. Lo peor de todo es que no había reaccionado a tiempo, quizás si lo hubiera hecho ese muchacho ahora estaría vivo.

Su novio le decía que la culpa había sido suya por no ponerse el casco. “¿Es que no lo entiendes, esa es mi responsabilidad y no supe reaccionar?” Gritó Elvira.

“Tómate unos días y verás como ves las cosas de otra forma. Recuerda todo lo que te ha costado conseguir este trabajo. Venga Elvira, que tú sabes que puedes...”.

De eso ya había pasado un mes, y ese día debía reincorporarse al servicio. Más empujada por los ánimos de su novio que por convencimiento propio, Elvira había pedido el alta. Y esa noche volvió a ocurrir. Volvió a ver en sueños aquel terrible rostro. Aún quedaban tres horas para que sonara el despertador, pero Elvira no logró conciliar el sueño.

A las 6 de la mañana se levantó. Sauca, su gata, la observó extrañada durante un segundo sin moverse de su caja, y volvió a hundir la cabeza en busca de calor entre las patas. Preparó un café bien cargado. Sabía que le quedaba un duro día por delante, y aunque tomaría el desayuno con sus compañeros, pensó que le iba a hacer falta.

En un extraña actitud en ella, Elvira cogió fuerzas y salió de su casa decidida a que jamás le volviera a pasar algo así.

Sí. estaba decidida. Ese día todo iba a cambiar.

viernes, 1 de febrero de 2008

Cuestión de suerte - 1ª parte

Germán tiene 31 años. Trabaja desde los 19 como repartidor de bebidas refrescantes en una empresa de distribución, y durante los 12 años que lleva realizando su trabajo, su labor ha sido siempre intachable. Su flexibilidad en el trabajo, y su buena predisposición a la hora de realizar cambios de turno, le han convertido en el más querido entre sus compañeros.

En 1995 se vio obligado a abandonar sus estudios al dejar a su novia, un año menor que él, embarazada por no haber utilizado métodos anticonceptivos. No obstante, y a pesar de su edad, ambos afrontaron la circunstancia con gran madurez y el amor entre ellos hizo superar todos los obstáculos que puede suponer sacar adelante una familia con sólo 19 años.

Su vida en todos esos años siempre había seguido el curso normal que él mismo esperaba de ella. Sentía que tenía todo lo que siempre había deseado y eso le convertía en un hombre feliz.

Un martes cualquiera se vistió como cada mañana, tomó el desayuno con su hijo Luis, que le contaba ilusionado que por la tarde tenía el primer partido fútbol de la temporada. Sonrió a Luis diciéndole que estaría allí para apoyarle y lanzó a su mujer una mirada de complicidad. Ella observaba la escena encantada y, con una sonrisa y un guiño, devolvió el gesto a Germán. “Venga, coge la mochila que llegas tarde al colegio”.

Después de dar un amoroso beso a Marta, Germán acercó a Luis a la parada del autobús del colegio que estaba a unos 200 metros, tal y como hacía habitualmente. Cinco minutos después recibió una llamada de Juan, un compañero de trabajo que era más que eso. Acababa de conseguir una cita urgente el día siguiente para que un especialista estudiara los extraños síntomas que su hija de 7 años tenía desde hacía más de dos semanas. Germán libraba ese día, y sabía que por la amistad que les unía no se iba a negar, más aún tratándose del motivo que se trataba. Y efectivamente, a pesar de ser tan repentino, Germán se ofreció al cambio sin dudarlo. Pensó en lo positivo del cambio, así podría dar una sorpresa a Marta y llevarla al centro de la ciudad de compras, que era la actividad que ella más adoraba.

Aparcó la furgoneta y de camino a casa compró unos claveles rojos que una anciana vende diariamente en la puerta del bar de debajo de su casa. Al entrar saludó a Julián, el portero, y bromeó durante unos minutos sobre su inmediata jubilación. Tras salir del ascensor abrió la puerta con mucha suavidad. Intentaba que Marta no le oyera para darle una sorpresa.

Al entrar escuchó unos extraños golpes en la cocina, y encontró a Marta con el trasero apoyado en la mesa de la cocina abrazada a horcajadas a Roberto, que la embestía con extrema pasión. El aliento se le congeló a Germán al ver a su primo, que había sido desde pequeño su mejor amigo, penetrar de aquella manera a su mujer. La escena continuó reflejándose en los ojos del paralizado Germán hasta que tras unos segundos el ramo de claveles impactó el suelo. Fue entonces cuando las miradas de los amantes tropezaron con la hierática figura de Germán.

Y desde entonces ya nada era igual...


Eran las 3:00 de la mañana de un sábado y Germán estaba en un inmenso atasco en la A-2. Deseó injustamente que se tratara de un accidente, ya que eso sería lo único que podría salvar su vida del desastre más absoluto. Habían pasado tres meses desde aquel fatídico día y por primera vez desde entonces sintió ganas de cambiarlo todo. Hacía quince minutos que había salido del club Afrodita, al que había ido por primera vez a ahogar su desgracia. Allí se había tomado algo más de media copa mientras observaba y recibía el flirteo de las chicas que, de esa forma, trataban de ganarse la vida. ¿Qué coño hacía allí? Germán se odió a sí mismo. Reflexionó sobre lo que había ocurrido en ese tiempo, y pensó en su hijo Luis. La adicción al alcohol y la pérdida de seis de los puntos del carné por exceso de velocidad era más que suficiente.

Allí estaba, en ese atasco. Si se trataba de un control de alcoholemia le retirarían el carné de conducir y perdería su trabajo.

El nudo ahogaba cada vez más profundamente en la garganta de Germán según se acercaba a las luces intermitentes de los coches de la Guardia Civil. Quizás tuviera suerte, quizás no repararían en él. Rezó al Dios en que nunca había creído, y se juró a sí mismo que todo iba a cambiar.

El agente le indicó que se apartara hacia el arcén de la carretera. Germán sintió en ese instante cómo se le aflojaban completamente las piernas. El miedo se apoderó de él, y su corazón parecía querer salirse de su pecho. “Por favor, inhale y sople fuertemente por este tubito hasta que no le quede más aire en los pulmones”. Con dificultades, Germán cumplió las órdenes del agente. “El etilómetro indica una tasa de alcohol en sangre de 0,34 mg/l. ¿Sabía usted que el límite de alcoholemia permitido es de 0,3 mg/l?, esto supone una multa de 302 euros y la suspensión de tres meses del carné”.

Germán imploró “Se lo ruego por lo que más quiera señor agente, sólo he bebido media copa, y soy transportista. Si me retiran el carné me quitarán el trabajo y quizás yo merezca ese castigo, pero no puedo permitir por mi imprudencia se arruine la vida de mi hijo...” Germán mostraba la foto de Luis nerviosamente...

El agente dudó... “Por esta vez haré la vista gorda, pero no haga usted más tonterías, y piense en su hijo la próxima vez que se vaya a tomar una copa y tenga que conducir.”

“Le juro que no volverá a ocurrir señor agente” agradeció lloroso Germán.

Las luces azules se empequeñecían en el espejo retrovisor de la furgoneta de Germán.

Sí, todo iba a cambiar.