En diez minutos tras una ducha rápida y un breve pase de corbatas me planto en la calle y empiezan a caer gotas sobre mi radiante traje, así que paro el primer taxi que encuentro (normalmente me gusta seleccionar el modelo, porque encuentras cada tartana que pa qué…) y le enseño al tipo la dirección del bodorrio.
Tras media hora de coche e infernal tráfico llegamos a un parque y el tío me para allí en medio. Yo que estoy empezando a dejar de ser gilipollas le digo como buenamente puedo que dónde coño está el salón de bodas, y el tío se baja a preguntar. Resulta que el salón está emplazado en el parque más extenso de toda Ankara (como si fuera la Casa de Campo) y el tío me había dejado en la primera puerta que encontró. Me lleva a la puerta correspondiente y finalmente, apurado porque llegaba unos veinte minutos tarde, encuentro el lugar en el que el enlace tendría lugar.
Para mi sorpresa allí había llegado menos de la mitad de la gente y de traje iba el organizador, el novio y yo… no se puede ser más capullo…
Nos sentamos en unas mesas con sillas envueltas en una especie de tul y decoradas con un centro de rosas de plástico. Copas, cubiertos y servilletas de papel. Y entonces, empieza a diluviar de mala manera y hay que mover la mitad de las mesas, ya que si bien el lugar está cubierto por una especie de carpa, por los laterales el viento hace que el agua llegue hasta las mesas.
Ponen una canción francesa y sobre una macropantalla proyectan imágenes de los novios de toda su vida, y tras unos cuarenta minutos esperando aparecen los novios. Comienzan a sonar “You are beautiful” de James Blunt y se ponen a bailar en medio de las mesas. Alrededor de ellos salen unos “chorros” de fuego tipo las bengalas que usábamos cuando pequeños en los cumpleaños. Empieza a caer confeti del techo y por último pompas de jabón, ¡Es el éxtasis!
Acaba la cancioncita de las narices y se suben a un altar y se sientan en unos sillones blancos a modo de tronos sobre los que hay un corazón rojo ribeteado por una tira de leds luminosos. (ver foto) Otros corazones rositas colgados completan un espacio que no sabría calificar. Se produce el enlace consistente en una especie de “si quiero” y la firma oficial ante un funcionario que da fe, todo esto retransmitido en la pantalla en directo como si se tratara de la boda de Leonor. Me explican los turcos que el nombre del novio significa "libre" en turco, y hacen el chiste de que se tendrá que cambiar de nombre (si va a ser que en todos los sitios somos iguales...)
Por fin traen algo de beber. Pepsicola y Yateyigün (una especie de Fanta de naranja del Mercadona). Nos ponen los aperitivos: una loncha de mortadela, una rodaja de pepino, una bola de ensaladilla rusa, unas patatas cocidas con algo encima y otra ensalada rara.
Me explican los turcos que están sentado conmigo que esa no es una boda tradicional, que es una boda moderna más al estilo europeo. Yo digo pa mi que sí.
Con más hambre que Carpanta estoy ansioso porque llegue el plato principal. Finalmente lo sirven: un cuarto de pollo asado con arroz. Sin comentarios. Pensando que tras esto vendría el segundo segundo, me encuentro con que sirven un plato de frutas en el centro (sandía, ciruelas y cerezas) en el centro. Aquello era como una fiesta de cumpleaños infantil.
Entre plato y plato los novios se levantaban y bailaban tanto música moderna como tradicional, que era interpretada por un grupo en directo.
Finalmente se organiza una cola para felicitar a los novios como si fuera un funeral, y todos le ponen a la novia un alfiler en la banda y le dan un pequeño presente (yo como iba de novato ni una ni otra cosa)
Dado que mis acompañantes se marchaban yo decidí irme con ellos y me perdí el final de fiesta.




